Zombie Zinema Stories: Confesiones

Publicado: 19 julio, 2018 en Relatos, Terror

Jerry miró a Sara a la cara esperando que se le iluminara el rostro.

-Se me ha ocurrido una idea.

-Relacionado con Zombie Zinema Stories.

-Un título tan guay debería contener más historias.

-Verás trata de un chico y una chica, y el chico va explicando a la chica, cómo la conoció, como se enamoró de ella, como comprobó que en realidad ella no tenía, ni nunca había tenido ningún interés por él…

-Pensaba que tenía que ver con zombis.

-Claro, ella es una zombi, al menos su estado actual. Verás, el chico ha aprovechado el apocalipsis zombi para ir a verla y confesarle sus sentimientos, puesto que antes, nunca se atrevió.

-Suena algo ridículo, u obsesivo por parte de él.

-El amor suele serlo, Sara.

-No el amor sincero y puro.

-Bueno, eso es discutible. En cualquier caso, las personas no tienen porqué estar equilibradas mentalmente, y tampoco los personajes de ficción. Y no digo que nuestro protagonista lo esté, es algo que hace porque, joder, pues se acaba el mundo y resulta que no pudo confesar sus sentimientos a la chica que amaba por propia timidez, el problema que se encuentra es que se ha convertido en zombi.

-Así que la inmoviliza, la sienta en una silla y empieza a soltar sus tonterías a la no-muerta.

-Bueno, para él, no son tonterías. ¿Qué te parece?

-Que me tomaría una cerveza, hace un calor terrible hoy.

Jerry, vio como Sara desaparecía de su vista y se internaba en la cocina, fue a seguirla, pero en seguida supo que allí no estaría. Así que abrió él mismo la nevera y cogió una cerveza. Dio un rápido vistazo a la solitaria cocina viendo fantasmas correteando por su memoria proyectados holográficamente por su imaginación.

-¡Vamos Jerry! Cocinemos juntos, será divertido. No pongas esa cara, veeeeeenga.

Sara baila delante de él, arquea las cejas y los labios y le hace burlas mezcladas con besos que bailan a su alrededor.

Pero en realidad ella no estaba allí, hacía tiempo que no lo estaba, aunque todavía le gustara lanzarle preguntas e imaginar sus respuestas. Ella se había ido y no volvería, nunca.

Salió de la cocina y tropezando con una naranja (¡Eh, amigo! ¡Mira por dónde vas!, dijo la naranja) que correteaba por el pasillo, fue hasta su despacho y se sentó delante del ordenador.

“La mira y todavía puede ver algo de belleza en su rostro, está ahí, sentada en una silla y dispuesta a escucharle, y eso le intimida, claro que no puede decirse que eso fuera una novedad. No sabe por dónde empezar, si es que hay un comienzo, al final, todas las historias están ya empezadas y solo dan frutos de continuará.

-Mari Carmen, yo….-se acaricia la barbilla y desvía la mirada al techo blanquecino, buscando palabras. Se distrae por ruidos en la calle, quiere distraerse con esos ruidos para no tener que hablar. Su culo inquieto y tímido se levanta de la silla y echa un vistazo por la ventana. Lo que ve, no le distrae lo suficiente, así que se sienta de nuevo delante de ella y traga saliva.

-Verás, ha pasado tanto tiempo que mientras miro atrás y contemplo cómo te conocí.

Es su primer día de instituto, y todas esas caras nuevas parecen tornarse un cuadro pintado con cubos de pintura, al vuelo. No conoce a nadie y a nadie conocerá. Y entre todas esas caras, ella, con sus mejillas sonrosadas y su pelo rizado. Es deliciosa, se dice mientras se ajusta la mochila y hace cola para entrar.

-… he olvidado la razón que ha llevado a mi cabeza a fijar un poster de tu rostro en mi corazón. Pero había algo en mí que se negaba a olvidarte. Recuerdo las clases del instituto, recuerdo estar ensimismado en mis pensamientos, también recuerdo tu rostro dulce y el suave color de tus ojos.

Está allí, delante una fila por detrás de ti, a veces, con poco disimulo te giras para mirarla, pero tus ojos no conectan. Ella siempre mira hacia otro lugar, no te ve, eres invisible.

-Siempre he sido invisible, siempre en lo mío, incluso ahora, cuando las calles están llenas de sombras de los que eran y ya no serán. Espera he oído algo…

Oye un ruido detrás de él, se levanta y pega la oreja a la puerta de entrada del piso. Escucha unos pasos arrastrarse con lentitud, uno, dos, uno, dos. Hasta que se alejan lo suficiente para respirar aliviado.

-Ahora te tengo delante de mí, después de tantos años en los que no me atreví a decirte nada.

Sale del instituto y le esperan. Se llama Luis Sifón y está medio reteniendo a Carmen. Entonces otro chico le coge, se llama Ramón, le brotan pecas de los oídos y hace un extraño sonido al hablar parecido a un ronquido. Le empuja hasta Carmen y le incita a que le diga algo. Luis y Ramón ríen sin parar. En cuanto a Carmen, le mira con desinterés, solo quiere pasar por el trago y que la dejen en paz. ¡Dile algo!, le insisten. Pero no se atreve, ni una sola palabra surge de su boca. Por fin la sueltan, también a él. Ella sale corriendo, tiene prisa por llegar a casa. En cuanto a él, lo único que se le ocurre es correr detrás de ella, pero no la alcanza, o tal vez no quiera alcanzarla.

-El instituto acabó, y no volví a verte. No hasta mucho tiempo después. Yo iba en el autobús, y te vi en la calle, intenté saludarte, pero no me viste. Entonces cuando llegué a casa, decidí llamarte por teléfono, decidí escuchar tu voz una vez más.

Pregunta por ella, oye la voz de su padre, quién extrañado le pasa la llamada a su hija. Por fin se pone, pero su voz parece tener prisa, su actitud ocupada rechaza una invitación para verse mutuamente, le desea que todo le vaya bien y le cuelga el teléfono.

-Esa fue la última vez que escuché tu voz, la última que la escucharé. Ya no eres más que una sombra, una más, como tantas que pueblan las calles desde que empezó todo esto. Carmen, mi amor platónico. Te veo delante de mí, con los ojos tintados en rojo, los dientes gastados y atada como a un animal. Me duele verte así. Pero era la única forma de hablarte sin que me mordieras.

La zombi le mira con curiosidad, abre y cierra la boca. El hombre saca un revólver de entre su cinturón y apunta a la zombi.

-Te quiero Mari Carmen.

El revólver restalla y la cara de la zombi vuela en mil pedazos.”

Jerry paró de escribir, tomó un trago de cerveza y releyó lo escrito. No estaba satisfecho, pero no sentía que pudiera escribir nada más acerca de esta historia. No, en aquel momento.

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