Matando a Merkel

Publicado: 21 junio, 2018 en Relatos, Thriller

-Hola nene.

-Hola Maybel.

-No he visto tu cara en años.

-Yo no echaba de menos la tuya, te veo mas arrugada, con algún que otro kilito de mas cielito, patas de galla, joder… ¿has encogido? Juraría que eras más alta.

-Eres un encanto.

-Gracias, el sentimiento no es reciproco. Siempre pensé que eras una zorra de los cojones.

-No has cambiado, derrochas amabilidad por los cuatro costados. ¿Te dejó tu mujer, verdad?

-Sí lo hizo, esa mala pécora cogió las maletas, tiró mis discos de Elvis por la ventana, y después de beberse una cerveza delante de mí con la sonrisa mas amplia del mundo. Me soltó una frase que hice enmarcar para no olvidar jamás. De hecho cuando se vaya a la tumba, haré que se las cincelen en su bonita lápida.

-Se lo diré cuando la vea, me la tiro los jueves nene.

-Siempre supe que eras lesbiana.

-Me encantaría serlo cabrón para poder reafirmar la frase.

-Estamos perdiendo el tiempo, me pone cachondo soltarte piropos pero deberíamos ponernos en marcha.

-Si vamos allá, no quisiera que tu fláccido pene mirase en dirección a mis tetas.

Maybel terminó la cerveza, Benny la imitó. Desenfundaron sendas pistolas automáticas y entraron en el edificio.

Entraron en el edificio sin llamar demasiado la atención, Benny llevaba un pequeño revolver escondido bajo la manga de la camisa. Maybel, portaba una pistola semiautomática pegada al ombligo. Al entrar al portal se toparon con una amable viejecita que les indicó muy amablemente el piso donde vivía el abogado Merkel. En realidad ya lo sabían. Sabían el donde, el cuando y el como. Cogieron el ascensor y Benny presionó el 5. Maybel dirigió la mirada hasta la entrepierna de su compañero de faena.

-Joder Ben, ¿te has empalmado?

-Siempre me pasa antes de matar a alguien. No sé porque coño, la verdad. ¿Quieres aprovechar el momento?

-Nene, no quisiera que te corrieras antes de empezar.

Merkel entraba a trabajar a las 10:00. De 10:30 a 12:00 almorzaba en el bar de la esquina. Un sitio llamado ‘Bar con dos Borrachos’, solía pedir un bocadillo de chorizo ibérico, un café, un culo de whisky con hielo y para rematar una copita de vino de rioja. A partir de la 13:00 los miércoles y nada mas que los miércoles Merkel, daba a sus empleados el resto del día libre y se quedaba solo por completo en la oficina. Su secretaria, Alicia, cogía un viejo Volkswagen escarabajo y se dirigía hasta el centro de la ciudad, donde debía pagar un alquiler tan alto, que resultaba sorprendente que le llegara para poder hacerse algo más que unas habichuelas con jamón.

Eran las 13:00 en punto. En el reloj de Maybel eran menos cinco, tenía esa estúpida manía. Vives en el pasado chica, le dijo Benny. Cállate hijo de perra, le susurró May al oído.

Al salir del ascensor, observaron que la escalera se hallaba en silencio, había una puerta adyacente a la del despacho del abogado. El piso pertenecía a Billy Bob, a Bob le había dejado la novia, el pasado verano, el mismo día en que perdió su empleo y su perro empezó a cogerle manía. Hoy Bob tenía 3 entrevistas de trabajo en diferentes puntos de la ciudad, tardaría en regresar. En cuanto al perro, lo había dejado con su vecina del tercero. Una mujer que tenía una verdadera arca de animales en su casa. Loros, perros, gatos, un acuario con peces de colores y hasta una puta salamandra que había bautizado con el nombre de Daisy.

Toc Toc

No hubo un quien es. No hubo sorpresa. Ni siquiera hubo un ¿quienes sois y que hacéis en mi despacho? No hubo un carajo, una palabra o una jodida pausa intensa. Ni calma, ni preludio, la tormenta en pleno.

Cuando la puerta se abrió se encontraron con el abogado Merkel sentado cómodamente en el sofá de recepción y con una escopeta de dos cañones apuntándoles.

No pasó ni medio segundo cuando vieron al calvo abogado hacerles fuego con un sonido contundente y tan real como una patada en los cojones.

Benny degustó el disparo en sus mismísimas tripas, el cual le tiró metro y medio volando hacia atrás.

-¡Me caguen la puta leche! -se limitó a exclamar Merkel.

El segundo disparo iba camino de explotar la cabeza de Maybel, pero se tiró a un lado de la puerta entrada y logró conservarla intacta.

Parecía que el tipo les esperaba. Supongo que no se puede deber dinero a un mafioso y no esperar que un par de tipos vayan a invitarte a tu propio funeral. En ese aspecto Merkel no era del todo idiota. En el otro, estaba como una puta cabra.

Maybel amartilló el arma y entró sin dejar de disparar. Vació el cargador.

El abogado ya no estaba allí.

Miró a izquierda y derecha. Izquierda la sala de espera, derecha, una puerta cerrada.

-Joder -dijo para sí, mientras metía un nuevo cargador en el arma- tengo hambre, maldita sea, me muero de hambre.

Propinó tres disparos antes de zumbarle una patada a la puerta y abrirla de golpe. Merkel le respondió con un cañonazo de escopeta que reventó parte del marco de la puerta. May, en cuclillas disparó de nuevo y le reventó la mandíbula. La bala barrió lo dientes del abogado y salió de la cavidad atravesando la cabeza. Pero no cayó, volvió a disparar una carga más, no estaba muy claro si el disparo fue suyo, de sus dedos inertes pero espasmódicos o de un cerebro a punto de morir.

Cuando Merkel llegó al infierno y mientras un viejo demonio de cuernos enrollados le daba por el culo, pensó en ese maldito último disparo, en cómo lo falló y en como esa zorra de mierda le había disparado nuevamente volándole los testículos. Aquello no le acabó de matar, fue cuando la vio acercarse a su cuerpo moribundo, entonces vio el fogonazo en su cara, y sintió un pedazo de metal frío como el cadáver de un pingüino, abrirse paso a través de su cerebro.

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