El Pistolero

Publicado: 29 mayo, 2018 en Relatos, Western

Entra en el bar sabiendo que es suyo.

Todos la miran. Observan cada uno de sus pasos. Puede notar sus lenguas lamiéndola de arriba abajo.

Son animales y la adoran.

Se sienta junto a la barra del bar. Hay una mesa redonda de madera. La única de madera. El resto son de plástico, vulgar plástico verde oscuro, como sus vidas. Vulgares. No la suya, ella es especial y perdurará, como su belleza. ¿Se engaña a si misma? No. Hizo un pacto con el diablo, dejó que la penetrara y prometió darle un hijo a cambio de una belleza eterna, de la cual disfrutar hasta el fin de sus días.

En su mesa hay una vela con olor a canela. No paran de intentarlo, vienen la tientan, le ofrecen fuego, ella se deja querer, pero no cede mas pasos de los que debe. Aquí esta la frontera. Puedes olerme, puedes verme, puedes creer que te deseo, pero tu en tu país y yo en el mío. No sin visado, y no lo cuñaré amigo, no lo haré, porque tú solo eres parte de mi maquillaje.

Entra un hombre en el bar. Con pasos seguros y firmes, ve en sus ojos una dureza sin igual. Podría beber ácido y sus labios no cambiarían de forma. Sabe lo que quiere y no es a ella.

Eso la disgusta. Deja caer uno de los tirantes de su vestido de seda rosa, mostrando su hombro desnudo. Lo hace cuando él pasa junto a su mesa. Pero no se percata. La ignora, no admira su belleza. ¿Cómo se atreve?

Frunce el ceño y eso la afea, no puede permitirlo. Así que se levanta y se abre paso entre la marea de los que la desean. Todos ellos no importan. Solo la intriga él. El hombre de la mirada férrea y pasos como estacas.

Está apoyado en la barra. Ha pedido un whisky con hielo, no, no lo ha pedido, ha lanzado una orden. Orden que es cumplida en el mismo instante en que la luna reparte polvo de estrellas sobre la noche.

Ella se acerca a él, le lanza una mirada desafiante.

Sólo mírame, le dice, sólo mírame y caerás rendido a mis pies. Como todos los demás.

Pero él no la mira, y pega otro trago de su whisky, mientras la mujer que está a su lado hace que sus labios brillen con un rojo mas intenso que el de la propia sangre.

Bebe y sus ojos siguen sin agarrarse a los de ella. ¿Cómo puede ser? No es real. Ese hombre no lo es de verdad. Es una caricatura de hombre, un estúpido, un pretencioso, un…… ¿quién es?

Alguien mas entra en el bar, lo hace dando un gran portazo y atrayendo cientos de interrogantes sazonados con miradas del resto de la gente que puebla aquel antro de mala muerte. El nuevo hombre sí la mira, siente punzones de deseo llegar hasta ella, y eso la satisface, pero no del todo. Hay algo más. Odio, furia y decadencia. Dice un nombre en voz alta y la mujer se gira, el nombre es lanzado como un dardo a la sombra férrea que ha estado bebiendo whisky sin tan siquiera mirarla.

Y la sombra férrea se gira, y por primera vez la mira. Y su mirada significa dolor, no para ella, sino dolor dentro de él.

Hay algo en ese dolor que el hombre no puede controlar, ni huir de él, sólo vivir con él.

Un desafío es pronunciado por el nuevo jugador, el recién llegado lanza gritos y amenazas a la sombra rellena de whisky y éste no las ignora. Las afronta y le señala con su dedo índice, dispuesto a hablar en su misma lengua.

Ambos se miran, se miden, observan la distancia que les separa. Y piensan quien ganaría de los dos, si cruzaran ese puente.

Entonces una sonrisa de victoria es esculpida en el rostro que lleva el odio pegado a la frente y avanza, y ataca.

Un revólver restalla en el bar, seguido de un gemelo. Dos balas se cruzan. Una penetra en carne, la otra muerde madera.

El odio que vivía, se deshace, cae el suelo convertido en un grupo de hormigas que se separan, huyen, se distancian, del charco de sangre que mana del pecho del hombre que vino a matar.

La sombra férrea queda en pie, guarda su arma, termina su whisky y por segunda y última vez mira a la mujer.

Algo en la mirada del hombre, le provoca tristeza y amargura. El hombre parece querer llorar, pero no puede, ya no hay lágrimas en ese pozo, solo un vacío que rellenar, hoy por whisky, mañana quien sabe.

Y se marcha. Se marcha dejando un alma abatida y un corazón roto.

Eso es todo lo que tiene. Vacío y camino por recorrer.

 

 

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