Antihéroe

Publicado: 28 mayo, 2018 en Relatos, Thriller

Se levantó esa mañana cogió un arma y se dirigió directo al coche, condujo durante casi veinte minutos, por la ciudad, la cruzó de cabeza a pies. Se metió en carretera y condujo alrededor de otros quince minutos. Al ritmo de un clásico de Chuck Berry, llegó a un pueblo situado en un polígono industrial. Aparcó, cogió el cigarro que había estado fumando y lo lanzó al suelo con dos dedos. Miró a su alrededor, no había prácticamente nadie en la calle, con la excepción de un viejo sentado en un banco, tosiendo y fumando. Sonrió. Igual que el viejo parecía sonreír a la muerte cuando tosía. El patio estaba oscuro, se internó en él, caminó con la seguridad de alguien dispuesto a morir pero también a matar. Subió tres pisos cruzándose con un niño que llevaba una enorme mochila, el niño lo miró con curiosidad, pero él lo ignoró y siguió subiendo. Llegó, se desabrochó la chaqueta negra de tela y sacó una pistola automática, sacó el cargador, lo comprobó y volvió a empujarlo. Cargó el arma, tiró el percutor hacia atrás y llamó al timbre. Nadie contestó, así que insistió. Mientras, dentro alguien se levantó, dio unos pasos hacia la puerta e hizo una pregunta. Quién. Contestó, pero no con su voz. Apuntó con el arma a la puerta y disparó hasta hacerla volar en pedazos, vació todo el cargador. Volvió a cargar el arma y traspasó un umbral de humo, sangre y astillas de madera. El olor a pólvora era muy fuerte, incluso estando acostumbrado como lo estaba después de tantos años seguía sin acostumbrarse al olor. Había dos hombres a su derecha, estaban disparando con revólveres cortos, pero tenían miedo y eso les hacía fallar incluso teniéndole tan cerca. A uno le disparó en la cara una sola vez, al otro dos veces en las tripas, seguía vivo pero ya no le molestaría, luego le remataría. El de la puerta no parecía que se fuera a mover, estaba desparramado por el suelo envuelto en sangre, se aseguró, le reventó los sesos de un disparo. Oyó gritos en el baño y también en el exterior, los vecinos ya habrían llamado a la policía. Vale, que vinieran. Bien por ellos si tenían los cojones para hacerle frente. Se dirigió al baño, a un lado de la puerta escuchó los gritos de alguien, amenazas, ese alguien se estaba protegiendo con su objetivo. La mataría, o eso decía, tal vez fuera capaz de ello, pero apostaba que en aquel momento le preocupaba mas proteger su vida y eso le haría incapaz de matar a su única protección. El trueno de una escopeta recortada estalló en sus oídos, la puerta del baño se llenó de agujeros, un nuevo trueno partió la puerta en dos, a un lado de la pared esperó paciente sin hacer el más mínimo ruido. Saldría, era tan estúpido que saldría. Y así lo hizo, protegiéndose con su rehén salió poco a poco casi tropezando con los pasos de ella, dio un paso hacia el exterior. La joven, de unos dieciocho años, estaba asustada, demacrada, tenía moratones y costras de sangre en los labios, la habían golpeado a conciencia. Dio un nuevo paso y el rostro de su agresor se mostró y éste sintió súbitamente el frio acero del cañón de una pistola en la cabeza. Zarandeó a la chica, volvió a amenazar con matarla, pero él no dijo nada, ni apartó el arma. Ni siquiera esperó a que el agresor hiciera un nuevo movimiento. No le daría ocasión. Estalló sin más, la bala penetró en la sien del agresor, la deshizo por dentro y volvió a salir en medio de una explosión de sangre clavándose en la pared. Agarró la escopeta antes de que el tipo se cayera al suelo con ella. La chica cayó de rodillas al suelo. Al fondo el tipo de las tripas agujereadas, estaba tratando de sostener un arma para apuntarle. Disparó. Pero no acertó, y él le fulminó con un solo disparo de la escopeta. Arrojó la escopeta al suelo, cargó nuevamente su pistola y se la guardó en el interior de la chaqueta. Miró a la chica, la agarró de la axila y la levantó.

-Vamos Sara, tu madre está muy preocupada por ti.

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