Ana Lee

Publicado: 26 mayo, 2018 en Relatos, Thriller

Ana Lee, estuvo decaída durante casi tres días, luego, se levantó de la cama, a la cual había cogido por fiel compañera, y se dirigió al lavabo, se miró al espejo y pensó …. que aquel rostro triste y desolado, no merecía la pena enseñarlo al mundo exterior. Pensó mientras hundía su faz en el agua…… pensó…. en fumarse un cigarrillo, agarrar un cáncer y mandar todo al carajo. Pensó en Harold, al cual hacia tres noches que no veía. Tenía el mono de Harold. Le necesitaba en sus brazos desesperadamente. Dónde estas Harold, donde estas….

Sonó el teléfono, sabía que lo haría, era inevitable. La voz le habló durante casi media hora, aquella voz gruesa y carrasposa, una voz dura y repleta de órdenes. Era una voz familiar, pero no por eso dejaba de ser un sonido odioso. Tal vez lo peor fuera que le recordara… recordara… su trabajo. Vaya mierda…. tenia algo que hacer. Aire que respirar, alguien a quien alcanzar. Corre Ana Lee, debes correr y atrapar a la liebre.

Se colocó las gafas de sol, se apartó el largo flequillo blanco que le traspasaba el rostro y se mesó su largo cabello negro. Pensó en cortárselo hasta la altura de los hombros, en ocasiones le molestaba. Sobre todo cuando tenia que perseguir a alguien, como era lo mas probable que le ocurriera hoy. Abrió el primer cajón de su mesita de noche, y cogió un revolver del calibre 44, plateado, en cuya empuñadura de madera estaba grabado su nombre. Se lo había regalado su anciano padre el día en que llegó de improviso al club de los treinta.

Le vio llegar al bar, alrededor de las 12, el sol impactaba a través de los cristales del local. El hombre vestía con un elegante traje de Versace, era azul, camisa rosa y una corbata a juego. Caminaba como si las calles fueran suyas, y sus ojos negros se oscurecían aun mas a través de las gafas de sol que portaba. Tenía labios finos, de serpiente, y se podía vislumbrar unas ligeras ojeras negras en su rostro moreno. Tenía el pelo negro y liso, peinado hacia atrás, una nariz pequeña, chata, casi estúpida y sin sentido en aquella cara llena de detalles inconexos. Incluso sus pequeñas orejas llamaban la atención por su diminutez. Saludó al barman con la más amplia de las sonrisas y pidió un zumo de naranja natural. Ana Lee, se preguntó si podría convencer a Juan, el barman, para que le añadiera matarratas al zumo de naranja natural. Sonrió ligeramente ante la imagen mental de aquel bastardo revolviéndose por el suelo, a punto de escupir hasta las tripas, convulsionándose hasta morir mientras sus dientes castañeteaban y rompían, y cortaban su jodida lengua, y sus intestinos se deshacían y vaciaban toda la maldad que llevaba aquel hombre en su interior.  Menudo espectáculo sería. Algo terrible, grotesco, espantoso…. maravilloso. Pegó un sorbo a su café amargo, mientras seguía observando a Mr. Versace. Aquel hombre era un traficante de drogas, un ser que se enriquecía y aprovechaba vendiendo muerte y miseria. Su nombre no importaba, solo lo que hacía, era un hombre muy buscado y de repente en aquel bar… se le ofrecía la oportunidad de cazarlo, de humillar a ese hijo de perra. De repente no. Una llamada oportuna, una voz susurrante que le indicó el camino, la voz sería recompensada a su debido momento. Pero ahora….  Esperaría, esperaría a que se bebiera su zumo de naranja, bébelo…. luego se acercaría a él y le guiñaría un ojo. Eso le sorprendería. Desenfundaría el revolver q ocultaba en la espalda y se lo pondría en los huevos. Si te mueves bastardo…… te reviento tus bolsitas de té. Se identificaría, y luego lo esposaría mientras le leía sus derechos. Fácil, y limpio. Lo entregaría y se tomaría unas largas vacaciones con Harold. Las necesitaba desesperadamente, estaba cansada y se sentía pesada y vacilante. Estaba en muy mala forma, tenía jaquecas constantes, apenas podía conciliar el sueño y sus ojos, irritados casi de continuo, no mejoraban mucho su situación.

Se levantó de la mesa, dispuesta a ello. Comenzó a caminar decidida hacia Mr. Versace. La corta distancia se paralizó en el tiempo, se sintió como si sus pies le pesaran, sintió un escalofrío recorrer su cuerpo, a eso algunos le llamaban miedo, pero no se detuvo. Súbitamente tuvo la necesidad de decirle a Harold que le amaba. Te amo, te quiero, te deseo, quiero besar tus labios hasta fundirme contigo. Quiero tu tacto sobre mi piel desnuda. Quiero, quiero…… la espalda de Mr. Versace estaba mas cerca de ella que nunca. Su cuello blanco y limpio, su perfecto corte de pelo. Estaba hablando con Juan, reía, parecía estar puñeteramente contento. La sola idea de borrarle esa estúpida risita de la cara, excitó a Ana, terriblemente.

Jamás esperó que se diera la vuelta de improviso y la mirara… como leyendo sus labios, siempre sonriente con sus ojos entre tinieblas, y sabiéndose dueño de su destino…. los ojos de Ana Lee se abrieron como platos cuando Mr. Versace desenfundó un arma de gran calibre, la apuntó al pecho y sin vacilar lo mas mínimo, hizo fuego dos veces. Ana voló impulsada hacia atrás un par de metros y cayó de golpe sobre una mesa repleta de tazas por retirar. Los disparos no la mataron, pero el golpe la dejó más que atontada. Tenia la nuca húmeda, sangrante, el pecho le ardía, apenas podía respirar. Jadeaba, intentando tomar bocanadas de aire con la boca desesperadamente.

Un nuevo disparo y un golpe en el suelo. Pasos…… A plena luz del día.. cómo es posible que nadie.. cómo…

Se acercó a la puerta del bar, y puso el cartel de Cerrado. Luego volvió hasta Ana Lee, y se arrodilló junto a ella. Observó su pecho humeante, algo había parado las dos balas. Luego la miró directamente a los ojos, se sorprendió al ver que estaba consciente, mirándolo, pero parecía paralizada, puede que se hubiera roto la espalda con la caída. Se acercó mas, mucho mas, hasta casi rozar sus labios.

Notó el aliento de Mr. Versace en la cara. Era fresco, tenía un ligero olor a mentolado. Sintió el cañón del revolver sobre su garganta, frío, y molesto al respirar.

“3 segundos mas de respiro necesito.”

“Estoy viva, muerta….. estoy a punto de morir a manos del hombre de risa de hiena”

“2 segundos mas en los que mis pulmones se calmen.”

Mr. Versace dejó mostrar sus perfectos dientes blanqueados. Se acercó a su oído y le habló entre susurros.

-Que lista, te pusiste un chaleco.

“1 segundo, sólo un segundo, malnacido.”

Le acarició el pelo suavemente, y le apartó el flequillo blanco de la cara.

“Ahora entre tinieblas me siento, ahora mientras la muerte me acecha. Ahora.”

A las 12:30 en otro lado de la ciudad hubo un accidente de tráfico, un camión arrolló un coche familiar, murieron todos sus ocupantes, un padre de familia, su mujer y sus dos hijos de 4 y 7 años. A la misma hora, en otro lugar, en el interior de un edificio de la calle Villahermosa, en el séptimo piso, en la puerta 4, para ser más precisos, una pareja discutía de forma violenta, diez minutos mas tarde ella moriría debido a una paliza propinada por su amante marido. En el mismo lugar, justo dos pisos mas abajo, Michel y Carmen hacen el amor. Es el último día en que podrán estar juntos, Michel ama a otra mujer… pero no se lo confesará hasta el día siguiente. Carmen cogerá una depresión y se volverá una alcohólica y una adicta a las pastillas.  A las 12:35, un tren descarrilará en el norte de la ciudad, casi llegando a la estación, debido a una repentina explosión en las vías. Todos los pasajeros morirán a excepción de uno. Un hombre llamado David, que pasará el resto de su vida preguntándose porque él y solo él, pudo sobrevivir a semejante catástrofe. Cinco minutos después, en un pequeño bar situado en una estrecha y poco transitada calle de la ciudad, una mujer interpone su dedo entre el percutor de un arma que le apunta a la garganta y la bala. Se revuelve y golpea en el estómago fuertemente a su agresor, con el puño derecho. Se alza y le vuelve a golpear en el rostro mientras el arma de éste, cae al suelo, girando como una ruleta, y mientras gira y gira, una mujer llamada Ana Lee sigue atacando al hombre con toda la rabia y furia que posee.

El primer golpe hace que las gafas de sol de Mr. Versace vuelen en pedacitos oscuros, el segundo le provoca una fractura en la nariz y comienza a sangrar. Ana se mueve muy rápido y apenas puede reaccionar a su embiste. Le lanza una patada a los testículos y aúlla de dolor, luego un par de puñetazos al estómago y por último una fuerte patada a la rodilla que hace que  pierda el equilibrio y caiga al suelo.

“Hay tres sombras que me acosan sin descanso, la primera me hace sonreír con sus bromas y burlas inocentes, me hace pensar en chistes, en besos, en caricias y placeres. La segunda me aturde, me confunde, me hace dudar, atonta mis sentidos con pensamientos irracionales, me habla sin decirme nada, me escucha sin oírme. La tercera hace flotar toda mi agresividad, hace que mis ansias de supervivencia se fuercen al máximo, es una sombra mas oscura que las demás, y la que menos prevalece, ella impone crueldad en mi rostro, impone el salvajismo animal y la frialdad que en ocasiones necesito para seguir viva. Esta ahí, permanece oculta en mi, y de vez en cuando la dejo surgir solo para proteger a las otras dos. Mi necesidad de sonreír, llorar, gritar y besar. Mi necesidad de sentirme débil y humana en ocasiones, y fuerte y fría en otras. Mi necesidad de ver un nuevo amanecer y sentir que merece la pena seguir viviendo.”

 

 

 

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