La Vieja

Publicado: 21 mayo, 2018 en Relatos, Terror

‘No lo ves’

‘¿El qué?’

‘Detrás tuyo’

‘No seas tonto, me estas dando miedo’

‘Justo detrás tuyo, no te vuelvas. Sobre todo, ahora no te vuelvas’

‘¡¡¡¡¡Booooooooooooo!!!!!’

‘¡Tonto!’

‘¿Te asustaste?’

‘No lo dudes, hoy es un día raro para soplar, silbar o soñar.’

Así es como empezaban las cosas. De un modo sencillo, como si un estruendo conmoviera la tierra. Tan solo una palabra, o dos o tres…… o puede que incluso una frase entera.

Ella vino a mi casa con una vela envuelta en algodón. Era una vela amarilla con un fuerte olor a canela que invadió la estancia en cuanto entró en ella.

Vi como su sonrisa hueca se abría de par en par al saludarme, sus pecas se repartieron por doquier, dejó la vela de canela sobre la mesa de cristal y se puso de puntillas para darme dos besos.

-Feliz Halloween Bigfoot. ¿No vas a sacarme una cerveza? o debo decirte….Truco o Trato y darte un gran suuuuuusto.

Y me guiñó el ojo. Yo no era capaz de guiñar el ojo con la perfección con que lo hacía Sely. Abría y cerraba sus ojos con una precisión encomiable.

Hablamos de muchas cosas. Hablamos de John, del último viaje que había hecho al norte de la ciudad en busca de un padre que nunca conoció, que nunca tuvo en realidad. Hablamos de Teresa, la pequeña Teresa, pequeños pies, pequeña nariz, pequeña sonrisa, Teresa y su amor imposible hacia Mikel. Mikel, aquel hombre de ojos caídos, barbilla pronunciada, y mirada perdida, en un lugar cuyo mapa estaba en parte, solo en parte, en su propia mente. Mikel había pasado 3 años internado en un psiquiátrico, durante, desde y después, Teresa estuvo con él, su apoyo, su hombro. Un hombro de piel desnuda para una mente sin guía. ‘Despierta….. despierta… despierta’ Le susurraba a veces al oído, mientras Mikel la miraba…..no…..miraba a través de ella, como si se tratara de un fantasma, un ser intangible que podría traspasar, ignorar si daba un solo paso hacia adelante.

Y también hablamos de la vieja. Sely habló de la vieja. Aun recordaba su nombre, pero no quiso contármelo, me dijo, decía… que pronunciar su nombre, rebelarlo, sería como darle vida de nuevo. Y no tenía ninguna gana de traerla de vuelta. Nunca creí en su historia. A Sely le encantaba tomarme el pelo, estaba un poco loca por aquel entonces, supongo que incluso después de tanto tiempo aun conserva algún rastro de esa locura en su interior. A decir verdad echo de menos ese aspecto de Sely. Esa sonrisa loca y vivaracha…. y esas historias….. aunque la vieja…cuando me hablaba de ella, creo que aquello no lo echo en absoluto de menos.

 

Forzó su voz hasta parecerse a un susurro rasgado en el aire. Un papel roto y arrugado. Una nota salida de una garganta moribunda.

-Era vieja, fea y repugnante. Tenía el pelo graso, largo y revuelto. Su pelo era en blanco y negro como una vieja película de James Cagney. Su piel, escamosa y velluda, llena de arrugas y verrugas. Su nariz afilada como una lanza y su sonrisa… su sonrisa era perfecta, tenía la dentadura mas increíble que había visto jamás, parecía salida de un anuncio para dentífricos. Portaba un carrito metálico robado de algún supermercado y dentro montones de latas con carnes y pastas envasadas. Me la encontré una tarde al regresar a casa. No paraba de mirarme desde la otra acera de la calle. Yo había tenido un mal día, había mandado a la mierda a Ma por echarme en cara mis notas del instituto y tenido una gran bronca con Pa, no le hizo ninguna gracia lo del piercing. En cuando a mi hermanito, tenía 2 añitos… y era adorable hasta límites insoportables. Ricitos rubios, mejillas sonrosadas, y una jodida carita de ángel que era para comérselo.

Lo veo como imágenes en mi cabeza, van saltando unas encima de las otras, se atropellan en algunas ocasiones y otras he de empujarlas para que lleguen a destino.

Me veo como una segunda Sely, y esta segunda Sely está levitando sobre mi auténtico yo. Y la veo… me veo…. como Sely cruza la calle para encararse con la vieja. Para mandarla a tomar por culo, que dirija su puta mirada a otra parte, aquel día ya había aguantado suficiente. Así que la veo (me veo) insultarla, agarrar su carrito y empujarlo en medio de la calzada, veo sus dos pequeños ojos desteñidos como dos pasas mirarme con mas intensidad. Me veo, la veo… veo a Sely enfurecida, rabiosa con el mundo… y veo….a la vieja, y como le deslumbra con sus dientes de perlas ahogadas.

Un brillo le turba, el siguiente le altera. La vieja le mira, la vieja desliza palabras a Sely, una tras otra van volando, revolotean a su alrededor como pequeñas y mohosas haditas, con alitas putrefactas se acercan, la tientan y se introducen en ella como un virus corrosivo y cegador. La vieja le pide las palmas de las manos, Sely las extiende sin más, no entiende nada, tan solo siente que ha de hacerlo. Y las escupe. El fluido que le esparce la vieja por las manos es tan nauseabundo que siente ganas de vomitar, su cuerpo reacciona violentamente, un par de arcadas llegan hasta su boca pero nada sale. La saliva es verdosa, con pequeños grumos negros. Sus manos están perdidas, contagiadas. La vieja le obliga a juntar las palmas y restregárselas. Entonces nota, lo nota como una serpiente recorriendo sus intestinos y devorándolos muy poquito a poco. Su cuerpo se dobla y vomita en la calle, vomita sangre y se aparta aterrada. Mira a la vieja que no deja de sonreír. Y corre, corre de allí perseguida por una sombra roída y oxidada.

Sely llega a su casa, ve a su madre, está planchando una camisa, es blanca. El blanco le penetra en la mente como un destornillador. No le dirige la palabra, tampoco a su padre, está en el salón viendo fútbol. La mira, hace un amago de decirle algo. Pero Sely sale zumbando como una abeja furiosa hasta su habitación. La puerta se cierra. Su alma también.

En el espejo se ve.

‘Hola Sely’

Ve su cara, tiene los pómulos salidos, casi deformes. Ve sus ojos, el color verde de sus ojos le cae por las mejillas como un retrato fresco herido por el agua. Ve su pelo, feo y moribundo.

‘No puede ser, no puede ser. Cierra los ojos, vuelve a abrirlos y veras que todo ha sido una ilusión, una horrible ilusión.’

Abre los ojos y se ve.

Sonríe.

Se siente tonta y estúpida.

Durante un segundo…. durante un instante habría creído que ella….. le había hecho algo.

Suelta una risotada. Y siente un tremendo alivio recorrer su cuerpo. Siente que todo ha dejado de tener importancia. No entiende porque ha discutido con Ma y Pa.

La vieja apareció a cenar sobre las 11 de la noche, tocó al timbre y de su carrito sacó un siniestro sonajero…. sonaba como una serpiente de cascabel a punto de morder. Los ojos de la vieja apuntaron a los de mi madre, y esta no se pudo negar a invitarla a entrar. Cual es la palabra exacta…. hipnotismo, manipulación… era una bruja surgido del mas profundo de los ghettos infernales. Se sentó en la mesa y esperó a mi padre el cual la miró y se quedó absorto. Le convenció sin pronunciar una sola palabra. De hecho no hubo más que silencio a excepción de los gritos de mi hermano pequeño Pablo. Él gritó, gritó mucho, pero solo durante unos instantes. Los instantes en que Pa cogió a Pablo y lo colocó sobre la mesa del comedor, delante de la vieja. Y la vio, y le miró. Y yo, aterrada, congelada al salir de mi habitación y ver a mi padre y a mi madre sujetando a Pablo sobre la mesa a merced de la vieja, no pude moverme, ni un solo músculo de mi cuerpo respondió. Fue así, y no mentiré para acallar de mi cobardía pues no pude hacer nada para impedir lo que vino a continuación.

La vieja, sin emitir ni un solo susurro, movió sus largas y pudrientas uñas para dibujar un semi-circulo en el aire, y vi como mi cuerpo, que ya no me pertenecía, se dirigía a la cocina, en busca de algo afilado y cortante, tan cortante que mi torpe cuerpo de marioneta, se hizo un pequeño tajo en el dedo pulgar derramando una gruesa gota de sangre sobre el banco de la cocina. Mi sangre, mi cuerpo, ya no era mío. Dios, no era mío. Agarré aquel enorme cuchillo de deshuesar el jamón. Y mi cuerpo de títere se dirigió hasta el comedor con movimientos torpes, casi intuitivos, como si justo encima de mí, la vieja tirara de unos fuertes hilos clavados a través de mi piel, y tirara, y tirara. Hasta que mis pasos, los que ella me iba dictando me llevaron al comedor. Pa y Ma me vieron, vi sus ojos, horrorizados, moviéndose de un lado a otro como mariposas alborotadas a la luz del sol. Los sentí impotentes, sujetando a Pablo, le apretaban y Pablo gritaba y lloraba mientras lo tumbaron en la mesa, sujetándole brazos y piernas, al ver como yo me dirigía con el cuchillo hasta la Vieja. Entonces la vieja me mostró sus dientes perlados una vez mas, sacó su lengua sinuosa y viperina por entre ellos y con la mano derecha señaló la garganta de Pablo, hizo un gesto diagonal, dibujando una larga ‘V’ en el aire. Y justo después, por primera vez, habló, corrompiendo el silencio.

-Cariño –dijo con una voz tan agradable, que parecían surgir rosas de sus palabras-Debes hacer un tajo, de izquierda a derecha. Sangrará mucho mi amor, y gritará más mi amor, pero no te preocupes cariñín. Pasará pronto. Es pequeño, es dulce y es tierno.

Y con aquellas palabras con sabor a mermelada de arándano, me arrimé hasta alcanzar el límite entre el cuello de Pablo y el enorme cuchillo de cocina que mis manos agarraban, con tal fuerza, que me resultaba imposible soltarlo.

“Sabes… lo que piensas en ese momento. Qué piensas cuando estas a punto de degollar a un ser querido, cuando no eres dueña de ti misma. Piensas en la cantidad de sonrisas que te puede brindar un ser vivo durante toda su vida, y resulta que a veces si es especialmente corta, también son especialmente intensas”

Ma no puede reprimir una lágrima a regañadientes por un rostro tan tenso que está a punto de explotar.

-No tiembles Sely –dice la bruja.

Mis ojos la miran y lanzan una maldición que esperan alcanzar e impedir toda aquella pesadilla. Sabe mi nombre y dios sabe cuanto más acerca de mí… acerca de mi familia.

-A veces las cosas difíciles son sencillas, tan sencillas como un giro de muñeca mi dulce miel. Eres una chica bonita Sely –continua la Vieja- y seguro que también obediente. Yo haré que lo seas, Sely.

No para de decir mi nombre, y cada vez que lo hace me sumo aun mas en su dominio, su espíritu se adueña aun mas del mío. Su mente es mi mente, y mi corazón está perdido en una oscura tela de linóleo que cae… y cae… no deja de caer. Su nombre, no se su nombre y ella si sabe el mío. De repente, tengo la sensación de que algo tan simple como el nombre tiene una gran importancia. Una importancia de vida o muerte. Así que agudizo el oído, lo agudizo mientras mi mano derecha agarra el cuello de Pablo y mi mano izquierda con el cuchillo en mano, aproxima el filo hasta su suave y delicada garganta. Lo fuerzo, buscando una esperanza en una ilusión. Ella está en mi… yo estoy en ella. Ella es un muro y yo una libélula sin alas tratando de arrollarlo, de hacer un pequeño agujero en los ladrillos de su inmunda alma para llegar hasta su mas protegido secreto. Una mano toca mi espalda de insecto y mientras el cuchillo roza la garganta de mi hermano y los primeros hilos de sangre empiezan a caer por la mesa, unas pequeñas y transparentes alas, tan finas como papel de fumar, crecen en mi espalda verdosa y veo con mis grandes ojos que puedo volar. Me alzo. El cuchillo se para. Los ojos de Pablo adquieren un blanco fantasmal. Vuelo buscando la cima de aquel gigantesco muro, puedo sentir el tremendo olor a podredumbre mientras lo recorro. Está hecho de excrementos, restos humanos y unas largas larvas que no dejan de moverse. Sigo volando hasta llegar al comienzo de la muralla, la cruzo y veo…. veo… puedo verla a ella… a la mujer encerrada en una gigantesca esfera amarilla, resplandece tanto como una estrella perdida en medio del universo. No es la bruja… es alguien mas….vuelo hasta ella con mis alas de insecto, penetro en la esfera y veo a la mujer acurrucada sobre si y desnuda, tiene los ojos cerradas y un mar de cabellos negros la envuelven. Y cuando penetro en la burbuja…. pequeños retratos rellenos de palabras me rodean como puntos de luz, y parpadean…, se levantan y descienden juguetones, y cuando se han reído de mi lo suficiente, la mujer de la esfera abre los ojos y a una orden suya, todos se ponen a mi disposición, y me iluminan….me muestran algo….algo destinado a que tan solo mis ojos puedan ver. Sonrío y frunzo el ceño al mismo tiempo. Miro a la mujer y la oigo…. su voz al contrario que la de la vieja es hiriente y rasposa….y al mismo tiempo resulta un alivio… como sacarse una espinita de debajo de la piel.

Oigo sus palabras y sus palabras son el despertar. El despertar y el dolor, oigo a mi cuerpo resistirse, gritar en una agonía continua y también oigo a la bruja chillar cuando… digo su nombre.

“Tu nombre es….Jezabel”

La vieja aúlla como si le hubieran clavado una estaca en el corazón.

“Te llamas Jezabel”, le digo una y otra vez

“Respondes al nombre de Jezabel”, exclamo.

El hechizo desaparece y con el, el poder de la vieja sobre mi y mis padres. En un parpadeo comprendo la diferencia entre la noche y el día. Y una tremenda explosión de rabia estalla en mi interior. Y esa oscura fuerza que me invade hace que atraviese el cráneo de la Vieja con el cuchillo.

La vieja me mira, con el cuchillo colgando atravesando su ojo derecho y abriendo paso por su cerebro hasta salir por la parte trasera de la cabeza. Y sonríe.

Oigo sus palabras como ecos en el interior de mi cabeza, delicadas y apretadas como un rastro de hormigas en busca de un pedacito de pan.

-Mi niña, mi amor. ¿Crees que has conseguido algo? ¿Crees que esto me hiere, me duele, me ofende? Estoy orgullosa mi niña, mucho.

La vieja tose, y una bocanada de sangre surge contrariando sus palabras.

-Has tenido valor, mi niña. Mucho. Y por eso, solo por eso. Hoy me iré, pasito a pasito, agitaré mi arrugado culo y en cuanto salga por esa puerta tú y tu familia, estaréis a salvo de esta vieja…. en cuanto a tu hermanito…. quizá un día vuelva a verle para terminar lo que hoy empecé, se ve tan gustoso, que sería un crimen no probar su carne. ¿No crees mi niña?

Empuña el grueso mango de madera del cuchillo y tan lento como eterno, se saca el cuchillo de la cabeza. Me pide la mano, la extiendo, y me da el cuchillo. Como un sangriento regalo me lo llevo al pecho, mientras la vieja no deja de sonreír con su cara destrozada y chorreante. Rebusca en su cavidad ocular y arroja los restos de su ojo al suelo. Luego se gira y en medio de unos titubeantes pasos avaza hasta la puerta y la abre.

Antes de marcharse se gira y me mira…y la veo…. y no puedo olvidar ni olvidaré jamás el guiño con su único ojo. Y dentro de él, prisionera la veo, a la mujer encerrada en la burbuja de luz y la oiga gritar, y la oigo llorar.

La historia llegó a su fin. Sely nunca volvió a ver a la Vieja, pero pasamos aquel día un buen rato, entre vino y palabras. Recuerdo muchas cosas de Sely, recuerdo aquella sonrisa que podía hacer brillar la más oscura de las noches. Recuerdo sus cabellos tostados como el trigo, y aquellos ojos que te llenaban de energía en cuanto se clavaban en ti.

Sely era mi amiga.

La echo de menos.

Debería llamarla.

 

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