Telma, la vampira

Publicado: 15 mayo, 2018 en Relatos, Terror
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Acto 1. Telma

En el verano del 83, la conocí, y averigüé lo que era su afición mas, digamos, fuera de lo común. Le gustaba la sangre. Era rara, era perfecta y bebía sangre. En fin, supongo que nadie es perfecto en realidad. En la segunda cita la llevé al cine, una peli malísima de bichos peludos espaciales que comían todo cuanto se cruzaba en su camino. Incluso vacas. A mi me encantaban las vacas y cuando uno de los bichos devoró a la madre de la vaca del chocolate Milka algo dentro de mí se revolvió, ella, sin embargo rió. Rió como si estuviera viendo un payaso poner muecas, una risa inocente. Salimos del cine y nos enrollamos en un mohoso callejón, delante de un vagabundo con sombrero raido y tres dientes colgando. Nos besamos, nos tocamos, nos recorrimos con ansia sexual y luego ella se acercó al vagabundo y le arrancó la garganta de un mordisco. Observé como la sangre salía a borbotones y como ella bebía como si de una fuente se tratara. Dos semanas después se la presenté a mis padres. ‘Hola Papá, mamá, esta es Telma, es una vampira de los cojones se bebe sangre como si fuera vino tinto.’ Bueno no fue así exactamente. Fue mas…. bueno, menos divertido. En la cena Telma no probó el agua pero comió pollo a dos manos, se zampó todo lo que había en el plato, media ensalada, mojó pan en la salsa de roquefort de Ma y habló de diferentes temas con Pa. Tanto a Pa como a Telma le encantaban los Beatles, así que la conversación fue entre Submarinos Amarillos y lo que valdría o costaría comprar el amor de alguien. Como os dije antes, era perfecta. Quedaron encantados y la invitaron a quedarse incluso a dormir, Telma se negó muy amablemente y la acompañé a su casa.

De camino a su casa me pidió que parara en una gasolinera con la excusa de comprar algunas galletas de chocolate ‘nooo, no estoy embarazada mi amor, pero es otro de mis vicios y ahora mataría por comer esas galletas.’

No quise comprobar hasta que punto decía en serio aquella afirmación, así que paré junto a la gasolinera, llené el depósito maldiciendo el jodido precio de ésta: ‘Jodidos ladrones, ellos y su puto petróleo’ y no me di cuenta de que Telma estaba conversando con el tipo de la tienda de la gasolinera. El tipo le sonreía, ella le sonreía más. Pensé que le cogería la garganta y se la desgarraría para echar un buen trago de anís de sangre, pero no lo hizo. Luego fue hasta los lavabos y curiosamente, se equivocó y entró en el de tíos. Lo que me pareció realmente extraño fue que tardara tanto en darse cuenta de que no era el lavabo de chicas. Conté casi diez minutos y decidí ir a mirar. Entré y vi como Telma se estaba merendado a un tipo calvo y con barba amarilla, tenía un tatuaje en el coco con en el número 18 y una polla mal dibujada. Telma me vio me sonrió y me pidió con suavidad que me esperara en el coche, en seguida acababa me dijo. En seguida acababa. ‘Me caguen la leche’. Al minuto de acabar entró en el lavabo de chicas, se limpió la cara de sangre, se arregló y volvió al coche.

-¿Qué coño has hecho con el cadáver?

-No te preocupes mi amor, lo descuarticé y lo arrojé a la basura. Es fácil, la carne es blanda y los huesos, bueno… ya sabes son como los de pollo.

‘No, no sé, pero qué cojones….’

Pero yo la quería, la amaba, y supongo que cuando estas enamorado obvias algunos defectillos de la persona a quien amas. ¿Aunque estos defectos incluyan una alimentación algo anormal o que Telma estuviera un paso por encima de la cadena alimentaria? Bueno…. estaba enamorado joder.

 

Acto 2. La boda de Penélope y Pablo

Llegó un buen fin de semana en que nos fuimos a la boda de Pablo con Penélope. Había que joderse, el tío no se podía haber ido más lejos para casarse, en el otro puñetero extremo del país. Así que llegamos allí un viernes 14 de junio de 1985. Mi relación con Telma estaba más que consolidaba, mi amigo Pablo era un realidad un gilipollas fantasmal cuya mayor afición era estampar huevos podridos al primer incauto que pasara bajo el balcón de su casa. Un auténtico gilipollas, no se muy bien porque fui, a veces creo que peco de ingenuidad. Pero de hecho fue Telma quien me medio convenció ‘Vamos por Dios, si es tu amigo, os conocéis toda la vida, seguro que puedes dejar a un lado esas pequeñas diferencias que os separan al menos por un día, un día tan importante para él. ¿Crees que podrás cariño?’

Telma era un cielo, así que ante aquellos ojos azules profundos que podrían hipnotizar al más preparado, cedí y fuimos a la jodida boda del capullo.

La boda estuvo plagada de contratiempos, alguien tuvo la genial idea de dejar en pelotas a Pablo y envolverlo con papel de celofán, acto seguido llevarle la ropa a Penélope, que furiosa bajaba a devolver la ropa a su prometido.

Tuve algún problemilla con Telma en la iglesia, tenía cierto desprecio a los curas y tuve que retenerla un poco para que no se liara a ostias con el cura. Una vez me contó, que hacía mas de trescientos años un curo intentó quemarla en la hoguera y de aquello quedó un, por otra parte, lógico resentimiento. Nos retuvimos mutuamente, yo a ella para que no se zampara al cura y a un niño gordito que no paraba de tragar chocolatinas, Dios, se le caía la baba con aquel niño. El niño gordito era hijo de los primos de ella, se llamaban Fred y Elisa. Fred tenía una empresa de compra-venta de coches usados, poseía una dentadura postiza que siempre enseñaba ‘marca 2500, el futuro de las dentaduras chico, dentro de poco, se usarán mas que los propios dientes.’ No te jode. El tipo intentó venderme durante toda la cena posterior a la boda un coche semi-nuevo ‘pero en perfecto estado, una maravilla, una ganga, no te arrepentirás chaval. Por dios, que hay familia de por medio, pierdo mas que gano’. A el y a su mujer Elisa los sentaron junto a nosotros en el banquete, qué tipo tan pesado, estuve tentado de sugerirle a Telma que se hiciera un plato de cebolla con sus intestinos. ‘Telma cariño, no se si podré aguantar mas…. y si te lo llevas fuera, detrás del restaurante y….¡es que es muy pesado!!’ Telma rió por lo bajo y me calló con su dedo corazón.

Era un cielo, aun lo es. La amo. El banquete no duró eternamente, hubo baile, lloros y risas. Telma y yo bailamos, luego Telma se llevó a bailar a aquel niño el gordito. Parecía que le había caído en gracia. Y por un momento temí que el niñito no llegaría ni a la adolescencia. Tenía los morros cubiertos de ‘chuculate’ como decía él. Y cuando Telma lo miraba, se le encendían los ojos.

Fueron días felices, incluso llegué a lograr que Telma controlara sus instintos y no matara a nadie…. que no lo mereciera. Consiguió controlar sus ansias de sangre humana bebiendo sangre de cerdo, ‘la queremos para cocinar, nos encanta el sabor que le da a los guisos’ decíamos a los carniceros. Una mentira piadosa. Y llegó el día en que alguien tocó a la puerta de nuestro piso. No era el vecino, Raúl, aficionado a tocar el tambor a altas horas de la madrugada, ese chico no sabe la cantidad de veces que le he salvado la vida sin su conocimiento. Y tampoco era la señora McCarthy del sexto B, cotilla innata, con una oreja portentosa, deberían haberla contratado los del servicio secreto del país. Se trataba de Penélope, habían venido a la ciudad a pasar unos días y visitar a la familia de Pablo y entonces ocurrió algo.

-¡Se lo han llevado, por dios Telma se lo han llevado!

Hicimos que se sentara en el sofá y dejó caer las palabras mientras jadeaba, tenía una crisis nerviosa. Recogí las palabras y las junté.

-Tres hombres, uno alto, uno bajo con la oreja cortada, el tercero cojea y es manco. Les han atracado y luego se lo han llevado. Solo a él.

Telma trajo una tila para Penélope. Fuimos a la cocina mientras dejamos a Penélope bebiéndose la infusión y tratando de tranquilizarse.

Entre susurros compartimos impresiones.

-No tiene sentido, ¿qué iban a querer de Pablo?

-Ningún sentido cielo, ¿te ha dicho si ha avisado a la policía?. Creo que está demasiado asustada. Llamemos a la policía y que ellos se encarguen.

Telma se quedo parada durante unos instantes. Algo en su cabeza se volvió del revés, un chisporroteo, un mal contacto, que se yo. Durante un segundo la vieja Telma volvió ante mí.

-No.

-¿No?

-Yo me encargo.

-¿Qué dices?

-Yo lo encontraré mucho antes que la policía.

La miré, y luego miré cómo sonreía. Vi sus colmillos y vi sus ojos rojos.

-Joder Telma… –dudé.

-Tú lo sabes. Estamos perdiendo el tiempo y tengo hambre.

-Telma no….

-Prometo no comerme a Pablo ¿vale?

-¿Solo a Pablo?

-Solo a Pablo – y sonrió.

Hay dos cosas en la vida que Telma sabía hacer muy bien, y la primera de ellas era sin discusión, cazar. La segunda quizá os sorprenda, pero no pienso contárosla.

De lo que ocurrió después poco sé, pues no estuve presente. Tan solo retazos, pedacitos de bizcocho amargo que Telma me dio en insípidas raciones a su vuelta.

 

Acto 3. Lo que Ocurrió Después.

Es  como una tortilla de patatas volando en el aire y cayendo de culo.

Chof.

Ése es el sonido.

Nota la sangre caliente desparramándose por su desgarrada garganta y no puede hacer nada, excepto ser devorado.

Un torrente de imágenes viene a la cabeza de Telma. Su nombre es Marcos y anoche folló con una prostituta llamada Micaela. Micaela tiene unas tetas grandes y holgadas, le gustan las tetas de Micaela, ve a Micaela besarle en la comisura de los labios, la ve alejarse, y coger la cartera de su cliente en la mesita de noche. Micaela saca un par de billetes, lo justo, sabe que si sacca más, la matará y ni un solo remordimiento cruzará por su mente.

Imágenes, ve a Luisa, tiene 5 años y le mira con terror, es su hija, no se la quitarán, Luisa llora cuando la pega, es por tu bien, es por tu bien. Zorra no te llevaras a mi hija.

Imágenes. Ve a Carles, en un rincón oscuro, ve sus zapatos de gamuza azul, lanza una moneda de plata al aire como si imitara a un viejo gangster, fuma puros finos, huelen, huelen, a fresas amargas. Junto a Carles miran un anuncio, ve algunas palabras no todas, ‘Hombres, jóvenes-Preguntar por el Sr. Dolor’

Había encontrado el olor después de recorrer dos manzanas. El olor de la sangre de Pablo estaba impregnado en la gabardina desgastada de Marcos. Después de abalanzarse sobre él y beber de su sangre y de sus recuerdos, dejó sus restos en el contenedor más cercano.

Telma no tarda ni diez minutos en localizar el almacén. Abandonado, grasiento, huele a óxido y a orina a partes iguales, no ha tardado ni dos en escalarlo y entrar por una obertura del techo. No ha dudado ni medio segundo en reconocer el olor de la sangre de Pablo.

‘Un cuchillo, una sonrisa, una tarta. Nata ensangrentada.

-¿Te has cortado Pablo?

Sonríe, le cede el cuchillo y la chica con una inocencia que nadie comprende excepto ella misma, saborea su sangre con disimulo para luego cortar la tarta. Tarta de recién casados. Una sangre que degusta y almacena en su colección particular.’

Los ojos de Telma caen en picado y ve al hombre atado y amordazado a una vieja silla de madera. Tiene una pelota de plástico azul en la boca. Ve como la sangre le mana de los ojos, mezclada con lágrimas saladas. No puede evitar relamerse. Ve la palma de sus manos agujereada, se puede ver a través de ellas. Está desnudo, ve su miembro desnudo colgando y tan recogido que es casi inexistente. Y sus hombros manchados, huele, huele…….. aspira, huele a aceita de cocinar, aceite de girasol. Se gira y mueve por el techo como si de una lagartija se tratara, ni un sonido arrojado al abismo. Oye, observa y espera.

A Carles le duele la jodida pierna y está cansado de toda aquella mierda. Le dará cinco minutos más, luego sacará la pistola y se la meterá por las orejas. Aquel tipo, bajo, con una corona de pelo amarillo y esas jodidas gafas de culo de baso. Ríe, y ríe. No logra entender ni una mierda de sus palabras.

-Sabe Señor, que yo siempre quise ser cirujano. No eraj, que yo creyeraj, en la curaciójn de la huhmanidad. Yo creiaj, creoj en el dolor.

Y ríe.

Con aquella mandíbula tan grande, tan desproporcionada a sus pequeños dientes –afilados- con aquellas orejas pequeñas, ríe, y al reír sus dientes parecen serrarse sobre sí mismos, produciendo un chirrido agónico y del todo desagradable.

Carles lanza la moneda al aire.

Cara me cargo al hijoputa.

Cruz espero cinco minutos más.

Ve el maletín en el suelo bajo la silla donde está el chico, se está empezando a encharcar de sangre. El chico, sus gritos. No pensaba que fuera a afectarle. Solo quiere la pasta. Matar, vale. Pero de esa forma…..

A su lado Purk le mira, se frota las manos, no para de mirar el maletín, negro, verde. Tanta pasta en tan poco tiempo. Purk intercambió miradas con Carles.

‘¿A qué coño esperamos?’

‘¿A qué mierda espera?’

El Sr. Dolor agarra un martillo y camina hasta Pablo, le mira a los ojos mientras le muestra un largo clavo.

Carles mira al techo, le parece ver algo, una sombra escondida entre tinieblas, moverse. Una rata. Un cuervo. Una alucinación.

Tira el percutor hacia atrás y apunta al Sr. Dolor.

-Quiero el dinero ahora. Luego te dejaremos solo y podrás divertirte lo que quieras.

El Sr. Dolor no presta atención a Carles, coloca la punta del clavo en el hombro derecho de Pablo y apunta con el martillo.

‘A la una’

-Eh, loco de mierda. ¿Me oyes’

‘A las dos’

-¡Quiero el puto dinero ahora!

‘A las tres’

El martillo baja disparado, destino la cabeza del clavo. Golpea con fuerza, pero el clavo no atraviesa carne, ni siquiera la roza. Sus dientes rechinan y nota una ligera brisa junto a él. Luego siente el cañón del revolver de Carles en la nuca.

-Creo, cabrón, que no me has tomado en serio.

El Sr. Dolor deja caer el clavo al suelo, está contrariado, disgustado, le han privado de su mayor placer. Sus dientes ya no rechinan, se hunden en sus encías, furiosos.

Aquel hombre bajito y gordo se mueve tan rápido que a Carles apenas le da tiempo a reaccionar cuando el martillo le golpea la cara tan fuerte que su globo ocular derecho sale disparado y cae junto al maletín como si no fuera más que una vulgar pelota de golf. Un chorretón de sangre mana desde donde antes estaba su ojo. Cae mientras dispara a lo loco balas que se pierden. Se arrastra, en busca de su ojo mientras gimotea como un niño que hubiera perdido su juguete preferido. Purk está inmóvil, es presa fácil, el Sr. Dolor agarra con toda la paciencia del mundo el clavo que había dejado caer en el suelo y con él se acerca muy lentamente hasta Purk. Purk saca una navaja y atraviesa el costado derecho del loco, éste ríe divertido, le agarra del cuello y le golpea la frente con el martillo, cae y golpea varias veces mas el cráneo de Purk hasta que los sesos surgen liberados de su prisión.

Carles se arrastra hasta el ojo y al hacerlo se topa con un pie. El ojo que le queda se eleva varios pisos y pulsa el Stop en una cara femenina adornada con un par de colmillos anormalmente grandes. La forma femenina se mueve y patea el ojo de Carles, éste se estampa contra la pared como una ciruela madura.

El Sr. Dolor se levanta y la ve, sus ojos se abren tanto que parecen dos lunas manchadas de tinta. En un instante está a cinco metros de él, en el siguiente la tiene tan cerca que podría besarla. Ve como sus labios son tan rojos como el infierno, los ve húmedos, y siente que un aura de sangre y dolor rodea a esa mujer. Y siente las garras de la mujer que atraviesan su cuello y lo elevan en el aire, oleadas de dolor le invaden tan fuertes que sus músculos se atrofian, la enferma mente del Sr. Dolor intercambia dolor por placer, se corre mientras Telma le arranca la cabeza y la sostiene mientras el resto del cuerpo cae desplomado al suelo manando sangre a borbotones.

Sin dejar caer la cabeza Telma frunce el ceño al ver a Carles tirado en el suelo observando el espectáculo, puede olerle, tiene hambre. Arroja la cabeza y avanza.

Todo termina de forma rápida y las últimas palabras que escucha Pablo antes de desmayarse del todo son las de Telma, cuyos ojos rojos y sonrisa sucia le marean hasta llevarle al precipicio de la locura: “Tranquilo, guapo, ya estás a salvo, voy a llevarte con Penélope.”

 

Acto 4.- Líneas.

A Telma siempre le han gustado los libros raros, ‘El Necronomicón’, ‘Las dos caras de Jean Grey’, ‘El espejo de Lucifer’, ‘Las dos vidas del Rey King’.

Una vez compró uno en blanco, se titulaba ‘Guia para memorizar por Jonathan W. Stephenson’ ahí solía escribir frases aparentemente sin sentido. Siempre creí que significaban algo para ella, pero no era algo como un diario era como uno de esos crucigramas mal construidos que es imposible descifrar.

‘YO. Aquí. Cafetera. Anoche. Las 3 calles. Lo oscuro. 3-2-1. Cuenta atrás’.

Nunca le pregunté. Siempre he pensado que cuando amas a alguien lo mejor que puedes hacer es nunca jamás intentar entrar en su mente. Su mente es su castillo, su refugio. Y sus pensamientos un huracán de sensaciones, historias y vidas que tan solo a ella le pertenecen. Igual que a mi los míos.

A veces se me acerca y me susurra al oído, ‘Hola mi amor, anoche soplé a una estrella y en vez de apagarla brilló con mas fuerza.’ Y no trato de entender su frase, porque sus ojos ya me lo dicen todo. Todo lo que necesito saber.

Hay noches en las que Telma en su desnudez se queda mirando, plantada en el balcón, a la noche. De algún modo está perdida en ella, y en su cabeza, esa insondable cueva llena de interrogantes, bulle algo, que nadie vivo o muerto es capaz de atravesar. Entonces yo me acerco con mi sonrisa como única arma y por detrás la abrazo. Cubro su cuerpo con el mío y ella desliza su sonrisa hacia su linda nariz respingona llena de pequeñas pequitas anaranjadas.

Hubo una noche, tan solo una noche que le pregunté por su vida. Tan solo un único momento, y se que me contó mucho. Muchas palabras salieron de su boca desperdigadas como humo revoloteante, como luciérnagas iluminando una noche en un bosque perdido, oscuro y lleno de pequeñas ramitas esparcidas por la penumbra.

Y caminas, y oyes los ligeros crujidos de esas ramitas. Se que me contó historias y vidas pero lo olvidé con el tiempo. Olvidé todo aquello justo después de que sus labios se cerraran y volvieran a abrir para besarme y hacerme el amor. Al principio intenté esforzarme en recordarlo, recordar todo aquella niebla, espesa y huidiza pero al final pensé que tal vez, solo tal vez, prefiriera quedarme con la visión que tenía de ella durante los años en que la fui conociendo, el resto me dije, lo que ocurrió antes de que me encontrara con ella, no existe, no me importa. El ahora y su sonrisa es la única medalla que deseo que permanezca colgada de mi cuello. Una medalla que llevaré con orgullo incluso cuando los años me invadan, las arrugas irrumpan en mi maltrecho y viejo corazón y mis ojos pierdan el brillo y la nitidez cuando vea a mi amada aun joven y bella por siempre.

 

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