La niña y el monstruo

Publicado: 6 mayo, 2018 en Relatos, Terror
niña y monstrtuo tit

Imagen: Pixabay Autor:DigiPD

-Estaba aislado, era imposible que escapara

-¿Cuáles son los daños?

-Cuantiosos, varios muertos.

-¿Qué paso después?

-Tuvimos que buscar a la niña. Era la única que podía localizarlo, de algún modo están conectados.

-¿Problemas para encontrarla?

-No demasiados. Los padres, sus supuestos padres, se creyeron demasiado su papel, en un momento dado se negaron a devolverla, y la escondieron, huyeron. Dejamos que creyeran que no podríamos encontrarlos. Dejamos que vivieran en su mentira. Señor, debería haber visto su cara cuando llegamos allí. Aquella cabaña situada en las montañas del norte, parecían salidos de una película del oeste, hasta que llegaron los indios, con sus helicópteros.

-¿Resistencia?

-Mínima. La decisión fue de no prescindir de ellos por el momento. La niña con sus padres muertos, no hubiera colaborado.

-Tanta historia solo para que nos lo señalara en un mapa.

-Ya sabe como son los niños.

-Lo sé, tengo dos y otro en camino. Mi mujer tiene un absurdo concepto de familia numerosa igual a familia feliz.

-El caso es que la niña lo señaló, tuvimos que cortarle un par de dedos a su padre postizo delante de ella, pero acabó elevando su pequeño dedito como un cohete que ascendió, y ascendió hasta perder fuelle y estrellarse en un diminuto trocito del mapa. Señaló la ciudad de Tromalmire. Se trata de una ciudad pequeña, un pueblo prácticamente, aunque mejor no decirlo abiertamente allí, de alguna forma la palabra pueblo ofende a sus habitantes. En cualquier caso  fue allí donde lo localizamos.

-¿Hablaron con la autoridad?

-Sí, un tal Jeff Lemire, un tipo barrigón y con aliento a licor, era como una dragón jubilado con un mechero.  Se mostró totalmente colaborador.  Nos llevó hasta donde sospechábamos que podía estar la criatura. La casa de los Donohue. Ni Jerry Donohue, ni su mujer Linda Donohue habían ido a trabajar, tampoco la pequeña Marta Donohue había acudido a la escuela.

-¿Le pasó algo a la niña de los Donohue? No me gusta que hagan daño a los niños, no si no es necesario.

-Es usted un sentimental, Señor. No, a la niña no le pasó nada, nuestro espécimen siente una especie de predilección por los cachorros humanos. Sin embargo no puedo decir lo mismo de los padres de la niña. Jerry Donohue estaba descuartizado en el suelo de la cocina, le faltaba un brazo y la cabeza,  X, la criatura, entendemos que, bueno, que se los comió. A Linda Donohue la encontramos bajo la cama del dormitorio del matrimonio, escondida como un hueso, X, también había dado cuenta de su cabeza y de uno de los brazos, esta vez del izquierdo.

-Los utiliza para regenerarse, ¿no es cierto?

-Así es Señor. Al prototipo X se le deterioran rápidamente los brazos y la cabeza. Consumir cabezas y brazos es su forma de hacer crecer nuevamente esas partes de su cuerpo que se pudren y caen a una velocidad considerable. Le crecen nuevas cabezas y brazos, mientras que las antiguas permanecen como tumores hasta desprenderse por sí solos de su cuerpo.

-¿Dónde estaba?

-En el armario.

-¿En el armario? ¿Y qué cojones hacia allí?

-Estaba con la niña, los padres escondieron a la niña allí al entrar nuestro “monstruo” en la casa, después de acabar con los padres, X olfateó a la niña hasta dar con ella.

-Usted dijo que no le ocurrió nada a la niña.

-Y así es, nuestro ejemplar estaba allí acurrucado, abrazaba a la niña como queriendo protegerla.

-Resulta irónico. ¿Cómo la sacaron de allí? ¿Cómo separaron a X de la niña Donohue?

-Utilizamos a la otra niña, a la nuestra. Verá la única manera de hacerlo sin enfurecer a la criatura era salir nosotros, abrir la puerta, y darle un empujoncito para que entrara ella solita.

-¿Hubo que esperar mucho?

-Casi instantáneo. X la olisqueó en apenas segundos, y, con uno de sus brazos abrió el armario sin soltar a Marta Donohue. Vio a nuestra niña –su niña- en el umbral de la puerta de la casa, la vio avanzar un par de pasos y luego detenerse.  Fue entonces cuando salió del armario, pero seguía sin soltar a la niña de los Donohue.  Se acercó hasta nuestra niña e intentó cogerla, y ésta se negó, lo hizo con autoridad, haciendo un ademán con la cabeza, le señaló a la niña de los Donohue y le instó a que la soltará. Le juro señor que fue lo más increíble que he visto nunca.  Era como ver a Jessica Lange dando órdenes a King Kong. La criatura soltó a Marta Donohue. Y entramos en escena.  Solo hubo un problema.

-¿Cuál fue?

-La niña, la nuestra, lo achuchó contra nosotros. Dijo algo así como, “mátalos, mata a todos ellos, son malos conmigo, son malos con nosotros”

-Y entonces fue cuando ocurrió.

-Sí, señor, lo que ocurrió fue que la bestia X salió disparada se abalanzó sobre los soldados, tenía una docena de soldados rodeando la casa, no sirvió de nada que abrieran fuego, los mató a casi todos y devoró sus cabezas y brazos, fue un espectáculo dantesco. Aquella situación, era imposible de controlar, no habíamos previsto tal poder, tal furia de X. Fue a causa de la niña, de algún modo, al estar los dos juntos, X se volvía más fuerte, más feroz. La palabra era imparable, Señor.  Solo yo y un par de soldados logramos salir de allí.

-¿Qué hay de la niña?

-La dejamos atrás. Los dejamos atrás a los dos.

-¿Cuál es la situación actual? Sin duda tenemos que volver, hay que tomar medidas y capturarlos a los dos, desafortunadamente habrá que eliminarlos, es una lástima con todo ese potencial.

-Señor, no hará falta volver.

-¿Por qué no?

-Se dirigen hacia aquí, todos los informes dicen que llegarán de un momento a otro. Se puede ver fácilmente por la ola de destrucción que dejan a su paso.

-¿Qué dice?

-Las alarmas de estas instalaciones se han activado Señor. Creo que ya están aquí.

-Eso no es posible.

-Esta habitación es segura. Sin embargo, no estoy seguro de que… ¿lo oye?, ¿oye los gritos? ¿Y los disparos?

-¡Tiene que haber una forma de detenerlos!

-No la hay Señor. La niña y el monstruo ya están aquí.

 

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