El Cumpleaños de Martin

Publicado: 12 abril, 2018 en Miscelanea, Relatos
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Melinda tiene 36 años, una sonrisa deslumbrante y los andares de una mujer que sabe exactamente hacia dónde se dirige. Sostiene una tarta de nata y nueces que ella misma ha hecho. Entra en el salón y deposita la tarta sobre la mesa ante la expectación de su hermana Elisa, de su padre, el gran John, de su madre Lilibeth, del novio de Elisa, Tomás, y de Tobias, el pequeño perro salchicha que mueve el rabo alegremente, esperanzado quizás por recibir un pequeño trozo del pastel. Melinda busca entre los invitados pero no haya a quien busca. Decepcionada sale del salón y camina pasillo abajo hasta un pequeño cuarto, en cuya entrada hay un pequeño letrero dibujado con lápices de colores.

“El Despacho”

En el interior de El Despacho, Martin, se halla frente a una pequeña televisión viendo dibujos animados. Martin tiene 37 años, el pelo rizado algo canoso, y una constitución que sugiere que, si bien no ha sido un tipo que haya practicado mucho deporte, tampoco se ha dejado marcar demasiado por la edad. Lleva lentillas azules, ocultando el verdadero color de sus ojos verdes. El hombre está cabizbajo viste con unos vaqueros desgastados, una jersey de cuello alto negro y unas zapatillas de andar por casa con los colores de Superman, incluso la S estampada.

Martin escucha la puerta abrirse tras él, se quita una gorra roja de los Yanquis de Nueva York, y con un pequeña reverencia a la inversa saluda a su visitante.

Melinda entra en la habitación con cierto enfado contenido. Contenido, porque le conoce bien. A veces a Martin le gusta estar solo, a veces le agobia la gente, a veces las atmósferas de absoluta felicidad le ahogan. Son pequeños momentos en los que algo en su interior hace que se encierre en sí mismo. Cuando eso le ocurre tan solo Melinda puede traerle de vuelta, se acerca a él, primero enfadada por una actitud que por otra parte a Martin le cuesta horrores evitar, luego transforma ese enfado en una mirada cómplice, toca el hombro de Martin, le besa en los labios y ese beso, y el tacto de ella, es lo que le hacen reaccionar y volver a la realidad.

Melinda le pida que vuelva al salón con los invitados.

Hay demasiada gente, dice él.

Vamos, susurra ella, y entonces muestra su magia; el tacto, el beso.

Martin sonríe, es imposible no sonreír ante el dulce beso de Melinda. Se levanta y la acompaña al salón.

En el salón, el gran John cuenta como, cuando era joven encontró un pequeño cachorro de pastor alemán tirado en la cuneta, cuenta como casi lo atropelló, y como paró para recogerlo y llevarlo a casa. El Pastor, cuenta Big John, tenía un ojo ciego, una pata rota y síntomas de haber sido maltratado.

¡Inmundos!, exclama el gran John al recordar el estado del animal.

Martin entra en el salón e interrumpe el relato de Big John. Todos se alegran al verle, exceptuando a Elisa, la hermana de Melinda, a quien nunca ha caído bien y quien, cuando Martin no está presente hace referencia a él llamándole el ‘marciano’ pues nunca sabía cuando estaba en la Tierra o en Marte. Por otra parte Martin siempre la llamaba ‘La puta de tu hermana’ cuando ella no la oía, algo que a Melinda no le hacía demasiada gracia, aunque estuviera en cierta medida de acuerdo en lo descriptivo del sustantivo. ‘Es una desgraciada, pero es mi hermana, así que contrólate’, le dijo Melinda a Martin el día antes de su cumpleaños. ‘Dile a ella que se controle y que no se folle al tipo que traiga en nuestro cuarto de baño.’

No hubiera sido la primera vez.

En el treintavo cumpleaños de Melinda, Elisa se trajo a un tío llamado Esteban. Esteban era de familia bien. Entendámonos, Esteban, no tomaba drogas, tenía un buen trabajo en la empresa de padre, y cobraba tanto dinero que incluso a Elisa le costaba gastar todo lo que Esteban le proporcionaba. Tras la tarta, el cava, el brindis y las felicitaciones, la familia se dedicó a ayudar a Melinda a recoger los platos y las copas. Elisa optó por llevarse a un sorprendido Esteban al cuarto de baño. ‘¿Llevas algún preservativo encima?’ le dice a Esteban. Esteban asiente y niega al mismo tiempo, ‘Por dios, estamos- estamos en el cumpleaños de tu hermana, es decir no creo que pueda.’ Melinda le baja la cremallera de los pantalones, le saca el pene y se lo comienza a frotar suavemente, la cara de Esteban cambia a un ‘vale, sí puedo’ en cuestión de segundos. Esteban encuentra un preservativo en su billetera, como por arte de magia. Oppla, como un mago sacando un conejo de su chistera. Se lo da a Elisa, quien se lo coloca, luego se sube la falda, baja las bragas y comienzan con el tema. Esteban la penetra y Elisa suelta un gemido subido de tono. Segundos después alguien llama a la puerta del lavabo. En el otro lado de la puerta la abuela Francis Claire McGuffin pregunta si todo va bien, le ha parecido escuchar un quejido, eso dice. ‘Estoy bien abuela, por favor vete’ dice Elisa en un momento en que el acto con Esteban se ha quedado en plena pausa. ‘¿Por qué  paras?’ le recrimina Elisa. Esteban se irrita, se cabrea, joder nadie debería someterse a una presión semejante, si el señor pito dice que no es el momento, pues no es el jodido momento. Así que Esteban estalla, ‘¡Paro porque no me pone que tu abuela sepa que me estoy follando a su nieta en el jodido cumpleaños de su hermana!’. Las palabras se oyen en toda la casa y el resto de la familia acude a la puerta del lavabo.

Eso pasó entonces y ahora todo el mundo vigila para evitar que Elisa se lleve a su nuevo novio al cuarto de baño.

Melinda sopla las velas y todos, o casi, aplauden. Se siente estúpidamente infantil. Big John entrega su regalo a Melinda, le pide que lo abra delante de todos. Abrir los regalos delante de todos, una costumbre que Melinda odia con toda su alma.

Por fin acaba, el último en salir de la casa es Big John, quien estrecha la mano de Martin con fuerza. Su forma de mostrar respeto es romperte los huesos en un apretón de mano. Martin dibuja una mueca de dolor mezclada con una falsa sonrisa, de esas que uno pone y que le hacen parecer más gilipollas de lo normal.

La casa está vacía, solo Melinda, Martin y un montón de cosas por recoger.

‘Prométeme que el año que viene celebraremos los cumpleaños a mil kilómetros de tu familia’

‘Adoras a mi familia, confiesa’, le dice Melinda a Martin.

Martin le guiña un ojo, se acerca a los labios de Melinda.

‘Me has pillado’

Se besan.

‘Pero, ¿me lo prometes?’ dice Martin.

‘Uhmm lo tomaré en consideración’

Melinda toma de la mano a Martin y la coloca en su cadera, él se acerca a ella y en medio de un abrazo bailan una canción que sólo ellos pueden escuchar.

 

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