El problema con Billy el perro

Publicado: 24 marzo, 2018 en Miscelanea, Relatos
Etiquetas:

Se metió en el jardín de su casa y lo primero que hizo fue mearse en su ficus, mas tarde se bajó los pantalones y se cagó delante de la puerta de la casa. Al hacerlo, casi estuvo a punto de tener un orgasmo, de hecho sintió como una gran erección se apoderaba de sus pantalones.

‘Así aprenderás’

‘Bueno, qué cojones, no aprenderás nada, pero yo desde luego me he quedado muy a gusto, qué coño.’

Se preguntarán que hace un tipo como Michael cagándose y meándose en el jardín y puerta de su antigua novia, Amanda. Bien, por supuesto, todo tiene una explicación, o no. Bueno, en este caso, sí la tiene, al menos para Michael. Michael cuyos calzoncillos de Mickey Mouse se habían echado a temblar después de soltar el regalito en la puerta de la casa de Amanda. A Michael no le habían despedido, de hecho ni siquiera fue Amanda quien lo dejó, ¿o tal vez si? Depende de a quien pregunte.

Si pregunta a Michael sin duda el dirá:

(Con una barba de tres días, dos cigarrillos y una cerveza –pero de la barata-en la mano mientras escucha a Tom Jones y su “sex-bomb”)

‘Fue ella, la muy cabrona, me dejó tirado, y se cargó a mi perro. Será hija de puta. Bueno, que dios me perdone, su madre no tiene la culpa…. de haber soltado semejante escoria. Una santa su madre, una santa. Y ella una jodida zorra.’

Si pregunta a Amanda sin duda ella dirá:

(Recién llegada de la peluquería donde su amigo Jean Louis Baptiste, un supuesto francés demasiado tocado por el sol, le ha hecho una especie de monumento en la cabeza con fuentes y todo.)

‘Ese cerdo, no me quería, solo quería a su perro. Él y su puñetero perro. Me tiró de casa, me sacó a patadas, sin nada, estaba desnuda, con mi tanga de color celeste y mi sujetador con hebillas plateadas y me pegó una patada hasta la calle, luego el pedazo de bastardo me arroja las maletas y la ropa. Que sepan, que una de las maletas casi me parte la cabeza.’

En cuestión de maletas Michael tendría mucho que decir.

(Ahora Michael estaría oyendo ‘sixteen tons’ de Eric Burdon. Y llamando a la oficina para hablar con Nick su mejor amigo y poner a parir a su ex-novia. Ya se ha afeitado pero tiene los ojos rojos, se le ha caído algo de pelo. Quizá culpa de esa cerveza de tan mala calidad que bebe, por dios, ¿pero a quién se le ocurre?)

‘Miren, seguro que les ha dicho algo de la jodida maleta, ¡yo no se la arrojé! Créanme, tropecé con la maleta de los cojones y bueno… salió por la ventana. ¡Pero qué va! No se hizo ni un rasguño, claro que no, ¿por quién me toman? ¿Por un psicópata? ¿Acaso se han olvidado de lo que le hizo a mi perro? Ehhhhhhh. ¡Dios pobre Billy! Cuando lo pienso, cuando lo pienso….¡¡¡¡CABRONA!!!!!’

Ante todo esto solo nos quedaría por hacerle una sencilla pregunta a Amanda.

Disculpe, disculpe señorita Bynes. Pero… ¿podría decirnos que fue lo que pasó con Billy…ejem… quiero decir, con el perro de Michael?

(Amanda está en la bañera, tiene espuma hasta en la nariz y un bonito gorro para el pelo con dibujitos del Pato Lucas)

‘Ah, ¿el chucho? Miren, les diré lo que hacía el chucho de las narices. Hacía mierda. Era una fábrica de hacer mierda. Mierda por aquí, mierda por allí. ¡Si es que no servía para otra cosa! El chucho cagaba, esa era su habilidad especial. Cagaba por donde quiera que pasara, soltaba su gran montón de mierda, ¿qué?, ¡sí!, ¡claro que era un perro pequeño!, ¡era una puñetera pulga de perro!, ¡era como el hobbit de los perros! Pero oiga le aseguro, que sus mierdas eran de tamaño familiar. Es decir, si le hubiera visto… y créanme yo me lo preguntaba día tras día. Por qué … ¿cómo era posible que semejante mierda de perro produjera tanta….bueno…eso… mierda? Le aseguro que era algo totalmente sobrenatural. Era como si aquel perro distribuyera la mierda de todos los demás perros del mundo. Todos los perros del mundo, donaban una fracción a aquel chucho para que le expulsara por aquel pequeño y peludo ano.

‘Sí, lo sé, cree que exagero. Pero déjeme que le cuente una cosa.

‘Llamabas al chucho, le decías, ‘eh Billy vigila la casa’ y nos íbamos al cine. Y cuando volvíamos yo no se si el chucho había vigilado mucho, pero oiga lo que es cagar, a montones. En sofá, sillas, cama. El cabrón se cagaba hasta sobre el televisor. ¡Y era un televisor de pantalla plana! ¿Cómo lo hacía? ¿Con equilibrios? Era increíble.

‘Le decías, eh Billy, dame la patita. Y el perro se cagaba, y no te daba la patita.

‘Le decías, eh Billy, acuéstate. Y el perro se cagaba, si cierto, luego se acostaba. ¡Qué bien, decía Michael, te ha obedecido! Perro guarro de las narices. Le lanzabas la pelota, y el perro iba a buscarla, y cuando la encontraba, primero levantaba la pata, lo rociaba con su cosita amarilla, y luego levantaba el rabo y le plantaba el emplasto encima. Aquello era como un flan para las moscas. ¿Se lo imagina? No, no, no traía la pelota. La dejaba allí plantada como un monumento.

‘Eso había que concedérselo al perro, no era un cerdo, no se revolcaba en su propia mierda, tan solo le encantaba compartirla con el resto del mundo. Por dios… ni que fuera oro. Y es que la mierda de aquel perro tenía un olor muy particular, le juro por lo más sagrado que no había nadie con suficiente valor a acercarse a menos de cinco metros de una cagada del chucho aquel.’

 

Volvemos con Michael, está claro que Amanda nos ha regalado unos cuantos datos para despejar la incógnita del porque su ex-novio cometió semejante ‘acto’ en el portal de Amanda. ¿Justicia Poética? ¿Ironía del destino? O como diría Michael…. una simple putada con muy mal olor. También podría explicar al menos en parte el odio que pudiera haberle tenido al pobre Billy. Porque….y se dirán… ¿qué piensa Michael de todo esto?

(Vemos a Michael conduciendo a 20km en medio de la autovía, tiene una larga fila de coches detrás, una sinfonía de pitos del resto de vehículos y un tipo llamado Bulldog Raúl con cara de pocos amigos, a punto de alcanzar a Michael para arrearle con su bate de baseball. Tiene puesta la radio, escucha a Katie Melua y su “Crawling up a Hill”)

‘Sí claro, les ha contado lo de la mierda. Dios….. Pero…. ¿cómo puede ser así? Claro que se cagaba, era un perro por dios, los perros cagan por ahí, y que conste que Billy estaba muy enseñado, y de normal no lo hacía, pero era solo un perro, un perro viejo debo decir, tenía sus añitos y los bigotes canosos, y alguna vez se le escapaba. Pero era algo nimio, sin importancia…una mierdecita… por dios….si Billy era un perro pequinés, sus mierdas eran como, pequeñas mierdas, mierdas sin importancia. Y que conste que ante las continuas quejas de Amanda, porque bueno, Billy hubo una época en que estuvo con diarrea, y hay que reconocerlo, cuando se le escapaba en casa, sobre todo en el sofá, era algo repugnante, pero yo me ofrecí a corregir la situación. Llevé a Billy a un veterinario, y le mandó unas pastillas. No sé, el caso es que el perro ya no hizo más diarrea, pero cagaba más a menudo. Sé que a oídas puede resultar asqueroso, pero en cierta forma, yo estaba orgulloso de mi perro, porque era como un don, ningún otro perro cagaba como Billy. Mierda, si hubiera vivido… quien sabe hasta dónde hubiera podido llegar con un talento como el suyo. ¡Hasta podría habernos hecho ricos!’

La muerte de Billy.

¿Como la recuerda Amanda?

(Amanda, está viendo Hospital Central, cada vez que sale un médico con esa bata blanca, Amanda se excita de una manera sobrecogedora. En ese momento corre hasta su actual novio, un tipo bajito y calvo llamado Santi y prácticamente le arranca los pantalones. Así que supongo que le pillamos en un momento un tanto… embarazoso.)

‘Ah sí, el chucho. ¿Qué pasa? No tienen nada qué hacer, ¿no ven que estoy ocupada? Por dios no era más que un chucho cagón. Miren, ese chucho tenía enemigos por todas partes, ¿o creen que tan solo se cagaba en mi casa? No, miren, como ya les dije antes, aquel perro tenía un alto sentido de la generosidad. Al menos en cuanto a su mierda, era de una generosidad tal que la compartía con tanta gente y lugares como pudiera. Yo creo, digo, a ciencia cierta que el perro de las narices era feliz cagando. Le digo que el perro sonreía mientras echaba toda su cosa. ¿Qué? ¿No me creen? ¿Que no puede sonreír un perro? Les digo que este sonreía. El muy cabronazo sonreía cuando soltaba su gran montaña de mierda.

‘No podía permitirlo, era el chucho o yo, pero claro Michael estaba con su perro… que no cagaba, disculpen, se que resulta algo asqueroso, pero creo que es la frase apropiada.

‘Sí. Si. Ya lo sé, lo más normal hubiera sido coger e irme de esa casa. Pero después de tragar tanta mierda. Aquel perro cabrón no se iba a ir de rositas. Ah no. Sí, yo me iría de aquella casa, pero aquel perro del demonio tan bien se iría derecho al jodido cielo de los perros. Más que nada porque en el infierno no podrían aguantar tanta mierda, hasta el demonio tiene unos límites.

‘Oigan si no les importa, luego termino de contárselo, ahora tengo algo entre manos.’

Regresamos por última vez con Michael para conocer su opinión al respecto.

(Michael está en el váter, tiene un problema estomacal, ¿quizá contagiado por su difunto perro. Así que hablamos con él a través de la puerta del lavabo)

‘¡Dioooooosssss! ¡Váyanse coño! ¿No ven que estoy concentrado? Ay joder, está bien. Todo ocurrió hace dos meses.’

Disculpen. Odio interrumpir. Pero creo que esto debería ser algo más interactivo.

¿Amanda?

‘¡Quieren dejarme en paz! Así no hay quien se concentre.’

Amanda nos gustaría que viniera a nuestro programa junto a Michael.

Una entrevista conjunta para dar por terminada esta historia. ¿Qué le parece?

‘¡Con tal de que se larguen acepto!’

¿Michael?

¿Está de acuerdo en explicar el resto de la historia junto a Amanda?

‘Ah, la bestia parda esa, vale. Mejor que vaya, sino les soltará alguna sarta de gilipolleces. Lo haré en memoria de Billy. Él se lo merece.’

Dos días después tuvimos el placer de tener con nosotros a Michael y Amanda.

Amanda: Fue la sopa.

Michael: La jodida sopa de apio. Dios, era tan asquerosa, aquella sopa podía hacer vomitar incluso a un muerto. Deberían venderla como arma química. ¡Mira cariño te puedes hacer rica con la jodida sopa! Véndesela a los americanos.

Amada: No soy tu cariño, gilipollas. Además mi sopa hubiera estado buenísima si el cabrón de tu perro no se hubiera cagado en el puchero.

¿Se cagó el perro… dentro del puchero de la sopa?

Michael: No hay testigos que lo demuestren.

Amanda: ¡Lo demuestra la mierda que estaba dentro! Y les aseguro que después de haber visto tanto, me hice una experta en cuanto a cagadas del chucho.

Michael: ¡Se llamaba Billy!

Amanda: Y mi abuelo también, pero no cagaba tanto joder.

¿Qué paso después?

Michael: La desalmada esta que tengo aquí a mi lado, fue a la cocina amenazando al perro.

Amanda: No lo amenacé, dije textualmente ‘voy a matar al condenado perro’. No fue una amenaza sino una promesa.

¿Y que hizo el perro?

Michael: Bueno….

Amanda: ¿Usted que cree?

Claro, se cagó.

Amanda: Exacto. Aquel perro era un peligro para si mismo y para la humanidad. Estoy seguro de que le hice un favor. Seguro que debía estar sufriendo. ¿Acaso le gustaría a usted estar cagando a todas horas por ahí sin control? ¡Pues claro que no! Fue un claro caso de eutanasia. En realidad me apiadé del animal.

Michael: ¿qué te apiadaste? Si lo perseguiste por toda la casa con un cuchillo en mano, como una loca histérica. Estás como una puta cabra.

Amanda: Michael, estoy hablando con este señor no interrumpas. No te pongas más en evidencia.

Michael: Pero serás hija de …

Por favor, contrólense.

Michael: Lo siento.

(Michael se gira hacia Amanda y le lanza un -¡zorra!- entre susurros. Luego suelta una falsa sonrisa estirándola como si fuera goma de mascar)

Michael: Intenté detenerla, les juro que lo intenté, también intenté llegar hasta Billy. Pero el perro corría por debajo de las mesas, se metía detrás de los sofás y los muebles y Amanda, estaba absolutamente fuera de si, destrozándolo todo, haciéndose paso hasta Billy con una especie de furia asesina. Les juro que me dio miedo.

Hasta que cazó al perro.

Amanda: No, no lo cacé. El perro resbaló con su propia mierda, salió disparado deslizándose un par de metros por el pasillo y se golpeó la cabeza con un armario.

Michael: Asesina.

Amanda: Yo no maté a tu jodido perro. Le tenía ganas, no lo dudes Michael. Pero si lo piensas bien, se mató él solito.

Gracias Amanda y Michael por estar esta noche entre nosotros. Ha sido una historia… bueno. Algo que uno no escucha todos los días.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s