Marta y la duda

Publicado: 13 marzo, 2018 en Miscelanea, Relatos
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1

La mañana del 15 de noviembre del 2004 se encontró perdida en medio de un montón de libros en aquella gigantesca biblioteca, recorrió los pasillos una y otra vez. Cogió varias veces un libro de J.D. Salinger; ”El guardián entre el centeno”, lo volvió a dejar, y mientras con los cigarrillos en el bolsillo, echó un vistazo al “Perfume” de Patrick Suskind. Siempre le habían impresionado las detallistas descripciones de aquel libro, recordó que se lo dejó Michael hacía cinco años y por aquel tiempo lo había devorado en tan solo una noche. No pudo soportarlo más, y fue hasta el lavabo. Se metió dentro y encendió un cigarrillo. Mejor. Se relajó mientras hacia círculos con el humo. Cinco minutos después le sonó el móvil, apagó el segundo cigarrillo que había encendido y lo arrojó al váter. Estiró de la cadena, pero la maldita no funcionaba así que se largó de allí dejando la colilla emulando a un barquito de papel.

Volvió a sonar el móvil y el bibliotecario, un hombre alto, calvo y con un fino bigote de general le llamó la atención con una pequeña exclamación susurrada.

Marta activó el vibrador, fue hasta la sección de la O, y contestó. Era Jim. ‘Estoy en el segundo piso, en la sección de mitología y leyendas’,dijo. Marta fue hasta las escaleras y después de pasar junto a la chica de la fotocopiadora, la cual estaba leyendo el Cosmopolitan mientras mascaba chicle, accedió a la segunda planta.

 

No sabía que le pasaba hoy, tenía el maldito mono de fumar. Estaba ansiosa, nerviosa y algo irritable. Y se lo hizo saber al pobre Jim.

-Jim joder, quedamos abajo, no aquí arriba. ¡Pero como pasas de mí!

Media sala se les quedó mirando. Jim levantó ambas manos en señal de inocencia.

-Sssshhhhhh, esto es una biblioteca Marta. ¿Quieres que nos echen?

-No me toques los huevos, ¿has encontrado el libro?

Jim se imaginó a Marta con un par de testículos e hizo una mueca. Negó con la cabeza mientras eliminaba de su cabeza tan estrafalaria visión.

Marta no pensó demasiado en como iban a ir las cosas. Creía que lo mejor era no pensar en ello, pero entonces su mente, traidora, le daba la espalda y volvía una y otra vez a la misma imagen. ‘Que te crees niña, yo domino la situación, y te haré ver las imágenes una y otra vez hasta que te revienten los ojos. Hasta que tu corazón chille y dé un seco frenazo de emergencia soltando vapor. Sí niña, sé que te corazón es de hojalata, si no fuera así…. dime ¿por qué lo hiciste’. Cállate maldita seas. Cállate. Lo hice porque me engañaba. Lo hice porque es un cabrón. Lo hice porque se lo merece. ‘Y si es así niña, ¿por qué te sientes mal? Te delatan tus actos, niña. Te delatan tus emociones. Voy a hacer que tu pequeño corazoncito se oxide así no volverás a hacer daño a nadie mas.’ ¡El me mintió! ‘¿Estas segura cielito?’ Yo…. sí, me mintió, creyó que era una estúpida y no lo soy Yo… mierda. Mierda.

 

Recorrieron toda la sección hasta que dieron con el libro. El libro se llamaba Stardust, de Neil Gaiman, un escritor que a Marta le encantaba. Era un cuento de hadas para adultos y ahora necesitaba desesperadamente agarrarse a uno. Necesitaba refugiarse y soñar con otros mundos, con una vida alejada de la suya. Lo necesitaba con todas su fuerzas. ¿El cuento o a él? El cuento, en definitiva. El cuento.

Jim le pidió que le esperara un momento mientras iba al lavabo. Se quedó sentada en un rincón, mientras una pareja de estudiantes, rodeados de apuntes y libros cuchicheaba y soltaba silenciosas risillas. ‘Mierda’. A veces cuando volvía la vista atrás creía ver, que la pareja eran Marta y él. Que él la miraba con sus ojos tiernos y ella se sonrojaba mientras le decía que parara de mirarla a lo que él respondía. ‘¿No puedo mirar a la chica a la que quiero?’ ‘Tonto’ soltaba ella entre sonrisas de complicidad. Todo eso acabó. Él lo acabó, no, en realidad fue ella y creía que su corazón iba a explotar en mil pedazos si seguía latiendo con mas intensidad, de amor, de odio, de rencor, de añoranza. Una receta envenenada. Una receta que estaba degustando poco a poco y que tenía la sensación de que acabaría con ella. No podría soportarlo. Esto pasará, se decía, pasará. El muy cerdo no te merece. Ese cabrón no se merece ni el aire que respiras nena. Pero no puedes evitarlo, ¿verdad? Quizás si cayeras desde cien mil metros sin paracaídas, quizás durante esa mortal caída dejarías de sentir todo aquel batido de sentimientos, todo aquel cianuro consumiendo tu alma hasta los mismos huesos. Quiero volar, necesito volar para alejarme de todo y de todos. A veces, mientras su cabeza daba una y mil vueltas a lo ocurrido desearía no haber presenciado, no haber visto…. no haberle visto. Si no le hubiera visto, tal vez… solo tal vez, las cosas hubieran sido diferentes, hubieran seguido su curso, él se hubiera dado cuenta de lo que tenía, se hubiera dado cuenta y….. Maldito hijo de puta.

 

2

La cerveza era agradable y suave, y la pequeña rodaja de limón bailoteaba entre sus burbujas provocando un sabor divertido y fresco.

-Creo que fue, no estoy segura. Yo iba por la calle, veía a un grupo de niños jugar, correr uno detrás de otro mientras sus madres, histéricas, les llamaban a gritos. Eran, no se, creo que alrededor de las cinco de la tarde, subía, escuchaba una vieja canción de los Rolling Stones por mi reproductor mp3, ya sabes, esa de Sympathy for the Devil, subía por la cuesta asesina de la ciudad. Siempre he pensado que la cabrona de la alcaldesa debería de haber puesto unas escaleras mecánicas o algo así, todo esta ciudad no es mas que una enorme cuesta, que se ríe de ti mientras te saca hasta el último respiro. Seguí subiendo durante unos diez minutos, me sentía alegre, contenta, por una maldita vez no había discutido con mi jefe en el trabajo, todo había salido… ¿cuál es esa expresión que dicen siempre en las pelis antiguas? Sí, a pedir de boca. Era un día de puta madre, hasta saludé a la señora Miniver, mientras salía de la peluquería con su horroroso peinado lila, tan alborotado como si le hubiera atacado una bandada de pájaros y se hubieran cagado todos juntos en él. Pero ella lo lucía con orgullo, es probable que se dejara una pasta en aquella mierda de peinado, aquella peluquera, la Charo, tiene un extraño sentido de lo que es la moda. Llegué hasta mitad de la calle, giré y entre en el cajero de la esquina para sacar un par de billetes y recargar el móvil, salí y vi a un chino salir de un restaurante oriental, el chico chino estaba cargado de bolsas e intenta encontrar un punto de equilibrio en una vespa para salir pitando de allí y hacer alguna entrega en aquel ciclomotor que parecía que se caía a pedazos. Tenía el cartel ‘de me voy a pegar una ostia en cualquier momento’. Salí de allí y cuando me llegó el mensaje con el saldo del móvil recién cargado sonreí como una estúpida. No sé. No me preguntes por qué. Es una de esas tontas sonrisas que te salen cuando no tiene sentido alguno, como si tu cuerpo tomara las riendas y dijera que ahora era un buen momento para sonreír aunque no tuviera ningún tipo de sentido hacerlo. Levanté la cabeza, y delante de mí en la cafetería creí reconocer una silueta. ¡Había encontrado mi razón para sonreír! Esa silueta era él, estaba a pocos metros de mí cruzando la calle, en la cafetería y parecía hablar con alguien. ¿Es él? Pensé. ¡Sí! Me dije. Y mi sonrisa se amplió aun más, solté una risa alocada como si no fuera más que una tonta quinceañera. Y me dispuse a cruzar la calle para entrar en aquella cafetería, sorprenderle por detrás y darle el beso más largo y húmedo que jamás nadie haya probado. Pero no lo hice, nunca lo llegué a hacer. Le vi, le reconocí de inmediato, y cuando vi que se acercaba a aquella chica, cuando vi través del cristal de la cafetería que cogía su mano, cuando vi aquella sonrisa tan singular que sólo él era capaz de dar, cuando mis ojos vieron como esa sonrisa iba destinada a una persona que no era yo. Creí morir. Y morí cuando vi con terrible claridad que se acercaba a los rojos labios de ella y la besaba. Y la besaba. Y la besaba. Morí. Todo mi mundo se vino abajo. Recuerdo haber entrado en la cafetería echa una furia. Como un torbellino me acerqué a ellos, mientras sus labios y es probable que sus lenguas bailaban sobre mi tumba riendo y murmurando, pisando mi cadáver. El se volvió al verme. Escupió palabras sin sentido, lanzó mentiras a mi rostro. ‘No es lo que parece.’ ‘Debes entender’. ¿Qué debía entender? Eh, ¿¡qué mierda debía entender si lo había visto con mis propios ojos!?’ A veces estas tan ciega de amor, que cualquier cosa se perdona, cualquier cosa se olvida. Y mientras te mienten, mientras te ultrajan, mientras te dicen que no lo comprendes, que no lo entiendes, te vas hundiendo más y más en el barro, y no puedes moverte. Estás indefensa, sola. Sola en tu amargura, sola en tu amor-odio. Porque nadie, créeme nadie, puede ayudarte ha salir de algo así, a afrontar algo así. Nadie puede imaginar el terrible dolor, el lacerante dolor que comporta algo así. Le dije de todo, cogí la “cola” que ella se estaba tomando y se la arrojé a la cara, quedó completamente empapada. En cuanto a él… a él….. ‘Eres un hijo de puta’. Y me marché de allí con mi vida arruinada por completo. Ya no tenía corazón, me lo habían arrancado, me sentí completamente vacía. Vacía, desorientada, sin saber qué hacer y sola. Tan sola como jamás lo había estado en toda mi vida. ‘Eres un hijo de puta’ le dije un millón de veces. Me perdí en las calles, y mientras el cielo cantaba mi dolor, mi tristeza le conmovió y comenzó a llorar. Ambos lo hicimos. Me empapé por completo de lluvia pero no sentí nada, ya no era capaz de sentir, me habían robado la capacidad de sentir. Y grité, sabes, grité hasta quedarme afónica. Grite porque el jodido mundo, me había matado y yo seguía en vida. Todo tipo de pensamientos me estrangularon, me fustigaron, me hicieron pedazos en segundos y yo seguía allí. Sola, más muerta que viva, pensando que jamás superaría una perdida como aquella, un día como aquel. Maldije un millón de veces aquel día. Lo maldije. Maldije la tristeza, maldije el sufrimiento y sin embargo, sin embargo ahora, cuando lo pienso con frialdad. Cuando pienso si me hubiera gustado, si hubiera deseado vivir engañada, vivir en una mentira. No, no quiero. Quiero verdades, no engaños. Quiero pensar que día a día vivo una verdad, una realidad, y no un sueño. No quiero un sueño que no soy capaz de tocar ni controlar. Quiero mi vida y lucharé por mi vida. Y en cuanto a él… él solo fue un cabrón que no me merecía ni me mereció jamás. Y espero que sea feliz con su amiguita. No, ¿sabes qué? Espero que no sea feliz. Espero que sufra tanto como yo sufrí. Porque lo merece, joder, ya lo creo que lo merece.

 

3

Anochece, y mientras cubre su cara con la almohada, imagina que una gigantesca mariposa amarilla y roja la visita tras la ventana de su habitación. Oye el suave aleteo golpear los cristales de la ventana. Oye como un suave y melódico susurro la ánima a abrir la ventana y la invita a subir sobre ella para volar sobre la ciudad. No puede dormir. Abre los ojos en busca de ese sueño, de ese viaje que no encuentra, que se esfuma en cuanto vuelca su mirada hacia la ventana. ‘Vaya’, piensa, ‘Hubiera estado guay’.

A su lado el reloj con forma del gato Garfield marcan las 21:00.

Coge el móvil y sin mirar marca el 2 y el asterisco.

-¿Si? –contestan al otro lado de la línea.

-¿Jim?

-Bueno, esta mañana lo era. ¿Ocurre algo? ¿Estas bien Marta?

-No, nada Jim, es que estaba en la cama aburrida y pensé en darte el coñazo un rato.

-Muy amable por tu parte, pero me huele raro… a ver qué te pasa.

Marta frunce el ceño. ‘Pero será idiota, encima que le llamo.’

-¿Tu eres tonto? Solo te llamo… porque bueno por nada mira ya hablamos mañana.

Silencio.

-Como quieras, ¿Segura que estas bien?

-Si (mentira), ¡pues claro que si! (más mentiras) perdona, no quería molestarte.

-No molestas Marta, Jesús, ay, somos amigos. Puedes contarme lo que sea, ¿vale?

-Sí, sí, vale. Venga, buenas noches.

Y cuelga.

‘¿Pero por qué has colgado?’ ‘La culpa es suya, que es un idiota. Cualquiera diría que solo le llamo para contarle mis penas, será capullo. Solo quería saludarle, no sé, a ver que hacia y, qué mierda. Yo que se. Ya le llamaré mañana.’

El bueno de Garfield bailoteó los ojos unas cuantas veces y cuando se quiso dar cuenta marcó las 00:15.

Los ojos de Marta, atrevidos, cabrones incluso teniendo en cuenta que el resto del cuerpo tenía que madrugar al día siguiente, volvieron a abrirse.

El 2 y el asterisco fueron marcados por segunda vez.

‘No lo coge, no lo coge, no lo coge.’

-¿Sí?, dijo una voz dormida, que parecía ser la de Jim pero metida dentro de una caja de cartón llena de plumas de algodón.

-Jim, soy Marta, ¿estas despierto?

-¿Marta? Pero que… sí, sí, estaba a punto de ponerme a jugar al tenis.

‘Siempre bromeando, incluso dormido, el mismo Jim de siempre’

-¿En serio?

-¡No!, pues claro que estoy dormido…. ¿qué pasa Marta?

-Nada, es solo que no me puedo dormir.

-Vale, vale, está bien. Ahm tienes insomnio, no pasa nada, ¿y si cuentas ovejitas?

-¡Serás capullo solo quería charlar un rato!

-Pero que…

Y cuelga.

Si el bueno de Garfield hubiera sido algo más que un reloj, hubiera pensado que las tres de la mañana no era una hora en la que ningún gato del mundo deseara ser despertado.

Pero el dos y el asterisco fueron marcados una vez más.

-Jesús, Marta, son las tres de la mañana, tú me quieres matar o qué. Te juro por Dios que te devolveré los diez euros que me prestaste el mes pasado. Ay, pero por favor, déjame dormir.

-Jim necesito hablar.

-Y yo dormir. Venga, ahora es cuando me cuelgas.

-No, ahora no te cuelgo.

-Vaya, qué putada. Esta bien, ¿pero se puede saber qué te pasa?

-Estoy hecha un lio. Me siento como si ya no fuera capaz de sentir.

-¿Me vas a hacer pensar a estas horas? No quisiera ser poco sensible pero…

-No, Jim, es todo, no se, la vida, las cosas que pasan, no paro de darle vueltas una y otra vez.

-Pues te vas a marear.

-Es una locura. A veces me da la sensación de que todo me sale mal, de que todo lo que he hecho en mi vida no han sido más que errores. Uno tras otro, que me ha conducido a… ningún sitio, a un callejón sin salida.

-Si no fuera porque estoy mas dormido que despierto, te diría que te veo bastante optimista. Sí, sí.

-Es en serio Jim. Lo digo en serio. He perdido el rumbo. No sé hacia donde me dirijo.

-Marta, ahm no te preocupes vale, siempre hay soluciones, ya sabes la vida son picos, puertas se cierran, puertas se abren.

-Si, seguro que hay puertas, pero no veo cual abrir, ni siquiera se si tengo la llave apropiada.

-No puedo creer que estemos hablando de puertas a estas horas. Jesús, Marta, no quisiera ser brusco, pero ¡tengo sueño! Me quieres decir a que viene esto.

-¡Me siento mal Jim, joder!

-Ah. Vale está bien. Un momento Marta, deja que… solo un segundo.

-¿Estás?

-Sí, sí, vale, cuéntale al tio Jim qué te pasa. Te escucho.

-No te rías de mí.

-No me rio, ¿vale? Me pongo serio. Mira, incluso frunzo el ceño.

-¿Cuanto tiempo hace que somos amigos?

-No sé, un par de años creo.

-¿Crees que soy buena persona Jim?

-Sí claro, eres un tía genial Marta, por eso somos amigos. Si fueras una cabrona insensible y egoísta, ya te habría enviado al cuerno hace tiempo, pero se muy bien que tienes tu corazoncito, ahí dentro, bien oculto eso sí, pero bien rojito y bombeando toneladas de buen rollo.

-Quizás no soy buena gente Jim, tal vez, en ocasiones puedo ser, no se, indiferente hacia la gente que me rodea. Pero no es verdad, cuando alguien me importa, bueno, me importa de verdad.

-Soy testigo de ello, si no te importara ahora estaría durmiendo plácidamente.

-¡Jim!

-Vale, vale, lo siento. Eres una buena tía, ¿vale? De verdad, lo digo en serio.

-Y ¿nunca me has visto como algo más que a una amiga?

-¿Qué?, ¿y eso a qué viene ahora?

-Vamos, contéstame.

-Pues no, no se, tu eres mi amiga, lo cierto es que nunca te he mirado de ‘esa’ forma. Yo bueno, es decir….. ¡ay! ¡Joder Marta!, ¿pero a qué viene esto ahora?

-¿Por qué te preocupas tanto por mi?

-Pues porque me importas, es lo que hacen los amigos.

-Pero tú siempre estas ahí.

-Podría estar durmiendo, pero ya ves, supongo que debo ser un completo gilipollas.

-No eres gilipollas. Eres un buen tío. Eres mi amigo. Aunque a veces pienso, solo pienso.

-Ese es tu problema, piensas demasiado, y duermes poco.

-¿Yo te gusto?

-¿Tú estás loca?, ¿qué clase de pregunta es esa a estas horas de madrugada? ¡Jesús! Estás loca de remate. Jesús, Marta que tengo que ir al trabajo en un par de horas.

-Contéstame.

-No pienso contestarte a esa mierda ahora. No tengo porqué. Además yo soy inocente hasta que se demuestre lo contrario, ¡y no contestaré sin un puñetero abogado delante!

-Bromeas, te he puesto nervioso.

-Para nada, es el sueño que me domina.

-Está bien, Jim, era broma.

-Ya lo imaginaba. ¿Me contarás ahora lo que te pasa de verdad?

-Si, pero antes quiero pedirte algo.

-Sí claro, lo quieras. Con tal que me dejes dormir, como si quieres que te lleve un Martini con vodka.

-Solo quiero un abrazo. Quiero vengas hasta mi casa, y que me abraces. Lo necesito. Necesito un abrazo de alguien a quien se que de verdad le importo. Tan solo un abrazo y me salvaras del olvido. Solo te pido eso, Jim. Solo un abrazo.

Silencio.

-Me tomas el pelo Marta, ¿verdad?

-No. ¿Eres capaz de hacer eso por mí? ¿Lo eres?

Silencio.

-Joder, no puedo creerlo. Jesús, Marta. No puedo creer que…. ¡ah dios! Está bien

-¿Vendrás?, ¿ahora?

-Sí.

-¿Y me abrazaras?

-Sí, aunque me quedaré dormido mientras te abrazo, luego no digas que no te avisé.

-Está bien.

-Está bien.

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