Palabras destrozadas

Publicado: 12 marzo, 2018 en Miscelanea, Relatos
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-Me llamo Marlon. Hace diez años que estoy sentado en un sofá… viendo el mismo programa de televisión. Es una serie policíaca, en ella un policía es escoltado por un perro de raza pastor alemán. Juntos resuelven casos. Normalmente el policía mete la pata y es el perro quien salva el día. A lo largo de estos años siempre veo al mismo perro, pero el policía acompañante va cambiando. Muta. A veces es corpulento, alto, de mandíbula cuadrada. Otras es pequeño, delgado pero más astuto. El perro siempre es el mismo. Me pregunto que tipo de comida le dan, nunca envejece.

>>Anoche me levanté a las 2 de la mañana. No podía dormir. Un ruido insistente se apoderó de mi cerebro.

“Tu cerebro”

-Sí, allá en la azotea del Sr.Lucas.

“¿El ruido tenía nombre?”

-Tenía nombre y apellidos. Eran mis padres, el gran bigote gris se me acercaba, se agachaba para sostenerme la barbilla entre sus manos, pues yo era pequeño, muy, muy pequeño. Y me decía algo. Me hablaba de un bar, y de un montón de militares entrando en él. Era en la guerra. El se hallaba tomando unas cañas, y al verlos entrar se ocultaba en el lavabo.

“¿Qué guerra era?”

-Era una guerra entre hermanos. Mi madre, trabajaba de cocinera, en el centro de la ciudad. Era un bar bien considerado, venía gente importante a comer allí, y a veces, muchas, casi siempre, debía cocinar para aquellos que matarían sin dudarlo a mi padre.

“Tu padre, ¿en qué bando estaba”

-¿Bandos? Qué importa…

 

La televisión pierde el sonido momentáneamente. No oye al perro ladrar, ni al poli caer. No puede cambiar de canal, el mando a distancia se estropeó hace años, no recuerda el momento. Una nube gris, tan gris como la ceniza se lo impide. Si se levanta podría caer, no recuerda siquiera si es capaz de hacerlo. Ha olvidado si tiene piernas, si se esfuerza puede llegar a sentir sus extremidades. Sí, las tiene.

Oye un relámpago en el fondo de la noche. Llueve. Después de todo, el tiempo pasa, cambia. Si cierra los ojos y frunce el ceño, como haciendo fuerza, tal vez… solo tal vez, pueda conseguir que cuando pase el próximo minuto, su vida cobre algún sentido.

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