Recuérdame

Publicado: 9 marzo, 2018 en Miscelanea, Relatos
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Recuérdame, sentado en el banco del parque. No hay nada en el interior de mis bolsillos. En mis manos, sucias, pedazos de pan que reparto entre mugrientas palomas. Cubierrrrrrtas de petróleo. Las he visto devorar ratas. Mis amigas las palomas, podrían matarme con un solo lametazo.

Recuerda colgar una sombra sujeta con una chincheta en mi espalda. Para que no se vaya, para que no disimule y se aleje, poquito a poco de mi.

Recuerda que una vez estuve aquí, que compartí un minuto de tu tiempo. ¿O fueron segundos? Lo fueron, pero esos segundos estuvimos conectados, tan íntimamente como lo pueden estar dos mentes entrecruzándose.

El tiempo es un concepto humano, recuérdalo. Recuerda que el tiempo no existe, y la distancia está entre tu mano y la mía.

No hay nada, nada que no puedas hacer para llegar hasta mí. No hay nada, nada que yo pueda hacer para llegar hasta ti. Así que recuerda, recuerda que no tengo nada en el interior de mi armario, salvo una camisa blanca, una corbata roja y un beso que nunca llegaste a darme. He buscado el abrazo en los recovecos de ese mismo armario, pero no lo he encontrado. Tal vez se desintegró esperando que alguien lo agarrara, lo cogiera, lo cosiera.

Cose tu boca a la mía y deja que de soñar que me baño en tu mirada.

Recuerda. Recuerda que una vez estuve delante de tu puerta, toqué al timbre de tu alma y vi tus cejas, vi tus ojos, y no necesité ver más. Me volví ciego y me llevé el color de tu iris a mi recuerdo, plasmado en mi cabeza, grabado a fuego.

Después de todo y de todos, al final solo queda una cama vacía, un armario viejo y un par de sillas repletas de ropa amontonada. Recuerda que en mi desesperación una parte de mí siempre estuvo junto a ti. Recuerda que mis ojos eran mariposas revoloteando a tu alrededor, curiosas, persiguiéndote, adorándote. Buscándote.

Recuérdame mientras la nieve se amontona a mis pies, delante del edificio más grande de la ciudad, mirando a lo alto, absorto al ver tu boca dibujada en el cielo. Impaciente por alcanzarte, loco por encontrarte, resignado a no tocarte.

El recuerdo de mi barbilla arrugándose al no poder tenerte. Al subir piso tras piso para encontrarte, llamar a todas y cada una de las puertas y encontrarme con desconocidas y rotundas-sombras-de-negación-que-aislaban-mi-esencia-con-un-aroma-de-muerte-al-no-encontrarte. Y casi sin respiración, ahogándome, notando el sabor del filo de la inconsciencia, mirar al cielo y gritar tu nombre. Recuerda que pregunté tu paradero, recuerda que grité tu nombre y recuerda que mi resignación se convirtió en lucha por ascender hasta tus brazos.

Recuérdame.

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