Robar la luna

Publicado: 8 marzo, 2018 en Miscelanea, Relatos
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Jonás se levantó de la silla y mientras miraba al grupo que se hallaba sentado alrededor suyo… agitó nerviosamente la lengua en el interior de su boca… y se preparó para contar… algo.

-Ahora mismo no recuerdo exactamente cómo fue que me tropecé con aquel tipo de tez ruda, cuya nariz pequeña y afilada, parecía apuntar de algún modo a la luna. Así que le sugerí a Edward que me recordará más o menos la fecha de nuestro encuentro… Edward cuya increíble e imprecisa memoria podía incluso competir con la mía…. me miró dubitativamente… y tras pararse a pensar unos cuantos y eternos segundos…..me refrescó la memoria. Tal vez, me dijo, tal vez fuera dos años atrás. O quizás, continuó, quizás fuera algo más, precisó, si es que a aquello se le podía llamar precisar. Pero de lo que estoy seguro, dijo Edward, es que… era verano. Sí, afirmé yo, era verano, una de esas noches de verano en que el cuerpo parece no reaccionar muy bien ante todo, y tus ojos te piden ansiosamente que los guíes a cualquier sitio menos a la oscuridad. Después de eso, no me atrevería a decir que aquel hombre, pequeño, casi del tamaño de una pulga, si me permitís exagerar un poquito. Aquel pequeño hombre, cuyas palabras habían de ser escuchadas con extremada atención para que no se perdiesen en el olvido, fuera el único que se diese cuenta de lo que estaba ocurriendo. Y fue justo después de que el policía llegara para despejar el tráfico, cuando lo vi bajar de su taxi ante mi sorpresa y ponerse a mirar al sol, con las manos extendidas, esperando agarrar algo. Algo que no podíamos ver los demás, sin embargo él lo veía. Miré a Edward, el cual parecía ensimismado en sus pensamientos, sea lo que fuera que pudiera pensar un tipo como Edward, cuya mayor pasión era cortar el césped los domingos. Luego salí del taxi, y observé al taxista el cual no cesaba de intentar agarrar el aire con ambas manos, mirando el sol… como si éste le dirigiera de alguna forma. Me acerqué al taxista…. y le llamé la atención tocándole en la espalda. El taxista se giró, tenía el ceño fruncido…. y me dijo que su mujer había intentado robarle el sol. Pero no lo había conseguido, seguía allí en lo alto, para él. Y antes de que ella se lo robara… él mismo lo destruiría. Me lo señaló con el dedo… y vi como su dedo apuntaba directamente al corazón del sol… y entonces le oí decir….¡bang! Fue el momento más extraño de mi vida, pues la luz, el día se apagó instantáneamente al oír aquel sonido simulado de disparo. Todos los conductores de los vehículos retenidos en aquel fastidioso atasco, salieron al unísono como si se tratara de un ballet perfectamente coreografiado y todo ellos, sin excepción dijeron…’Tinieblas’. Y eso era exactamente lo que nos rodeaba, pues toda la ciudad se había convertido en tinieblas. La pura oscuridad de una noche sin sol… el sol había desaparecido….tal vez asesinado por aquel pequeño taxista cuyo apellido…Fender….no me decía más que los motivos por los que decía haber apagado el sol con su solo poder de voluntad. Fender se volvió hacia mí y me lo afirmó. He matado al sol, ahora ella no me lo robará. Yo pensé en que aquel hombre estaba ido… y que debía haber una explicación más razonable a todo aquello. Un eclipse solar, era la explicación más accesible. Sin embargo aquel taxista cuyas palabras descendían en un vaivén armónico de ilusión, afirmaba que él y solo él había sido el causante de la desaparición del sol. Puede que lo que más me preocupara fuera… lo siguiente que dijo: ¿Sabe señor?…. Ella también quiere robarme la luna.

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