Una visita

Publicado: 6 marzo, 2018 en Miscelanea, Relatos
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“Verte sonreír hace que todo merezca la pena. Incluso los momentos de mayor dolor, a tu lado, no son tales. No, no son tales”

-Hola, he venido a verte. Ya se que no son horas, pero afuera llueve. Hay una fuerte lluvia que cae sin compasión. Ya se que no es momento para decir nada, para pedir nada. Pero me gustaría, que tan solo me escucharas, abrieras los oídos a mis palabras.

-¿Tus palabras?

Una cara, una distancia, una sombra. Un reflejo distorsionado.

-Sí, mis palabras. Mis frases, mis angustias.

El reflejo aumenta y aumenta como el vórtice de un huracán.

-¿Has venido a desahogarte? ¿A eso has venido?

La tiza emite un chirrido sobre la pizarra y forma una palabra a duras penas leída. Amor.

-No y sí. He venido, porque tal vez mañana olvide lo que he de decirte, porque tal vez mañana olvide mi cara y la tuya, juntos en un mismo retrato. Dos sonrisas combinadas, armoniosas, tempranas.

-No es temprano, es tarde.

El sol está empapado, se abriga con nubes negras que lo mojan sin piedad.

-Nunca es tarde. Para decirte que aquella noche en el callejón, cuando después de besarte te herí, cuando después de herirte te maté. Lo hice para no herirte día tras día, lo hice para que cesara el dolor que te inflingía. Desgarré el latido de tu corazón, porque no deseaba causarte mas tormento.

Ni un paso es dado. Ni un paso es cedido. La tormenta se mantiene firme. Gotas empapan ambos rostros fingiendo ser lágrimas.

-Te mentí -continua.

-Sé que me mentiste, me mentiste con tus mil promesas, con tus mil besos y tus mil abrazos. Me mentiste con tu mirada. Sé muy bien que me mentiste.

Un relámpago precedido de un trueno, restalla en el momento. Las figuras no se agitan, permanecen inmóviles como dos estatuas de sal.

Ahora no habla piensa.

“No, no te mentí en todo eso, te mentí al decirte que no te amaba. Esa fue mi gran mentira. Lo que mi loca cabeza convenció a mi estúpido corazón. Las palabras salieron de mi boca pero no era yo la dueña de todas ellas. No eran mis palabras, era mi cabeza.”

Se gira. Se agita la figura del abrigo. El viento se apodera de ella. Piensa que va a ascender para mezclarse con la lluvia y ser presa de ella.

Mientras se aleja. La puerta se cierra. La luz se apaga.

 

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