Castillos en la arena

Publicado: 27 febrero, 2018 en Miscelanea, Relatos
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Vicky y Mike están construyendo dos castillos de arena en la playa, Mike se empeña en darles patadas y destrozarlos. Vicky lo mira con ojos rabiosos, vuelve a construir el castillo una vez más. Esta vez Mike resbala, pero la marea sube y cubre el castillo antes de que a Vicky le de tiempo a esculpir el segundo torreón.

-Dime, ¿qué opinas del amor?

-El amor… el amor… el amor es la semilla del Rey de los Demonios. El Gran L. pensó en joder bien a la humanidad e hizo que amaran. Sabía que dándoles esa capacidad, sufrirían lo indecible. Así que supongo que estará bastante contento.

-Te noto algo resentido.

-¿Resentido? ¿Yo? Yo persigo al amor, constantemente, lo abrazo, lo recojo, me apodero de él en cuanto tengo oportunidad, como si se tratara de un diamante. Un diamante prohibido, que tarde o temprano te llevará a la perdición, a la bancarrota, hará que te quedes sin efectivo tan rápido que cuando quieras darte cuenta, tu lengua se estará secando al sol, ansiosa de más agua, de mas… pero ya no habrá más, no de esa fuente. Así que te entra el mono, el mono te devora por dentro, pero al contrario que otras drogas, este nunca pasa del todo, siempre está ahí, destruyendo cada ladrillo nuevo que levantas.

-Tal vez si no pensarás en que esos ladrillos caerán, si no tuvieras esa seguridad.

Mike hace un hoyo en la arena y entierra parte de su mano derecha, la mira sumergida y piensa en un copo de nieve cayendo desde la última estrella empezando por la derecha.

-Seguridad, dadiruges. Ni siquiera llevo cinturón. Si se me caen los pantalones, ¿te reirás de mí?

-Solo si pones cara de payaso al hacerlo.

-Me compraré un par de pantalones bien anchos para poder practicar.

-¿Y ese resentimiento?

-Lo he enterrado bajo la arena, aunque se que tarde o temprano, el océano lo liberará.

-Me pica la nariz, ¿me rascas?

La mira, ha contado cuatro pecas en su mejilla izquierda, diminutas, casi transparentes.

-Claro, pero no te muevas, no quisiera meterte un dedo en el ojo.

-¿Me regalarías un parche? Así podría ser la pirata Vicky.

-Lo pensaré, Pirata Vicky.

Anochece, no hay castillos, tan solo arena húmeda y un par de traseros mojados sobre ella, mirando hacia la luna. Mientras la miran, creen ver un astronauta pasearse sobre ella.

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