Tom, Helen y el jersey de Mickey Mouse

Publicado: 26 febrero, 2018 en Miscelanea, Relatos
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-¿Qué es lo más raro que has comido nunca Tom?

-Bueno, creo que una vez combiné pimienta, leche, zumo de tomate, pimientos verdes triturados y le añadí un poco de tortilla a la francesa a cachitos. Sí, creo que eso fue bastante raro.

-Diosss, y… ¿no vomitaste?

-¡Pues claro que sí! Eché la pota encima de Pamela Jones, aquel día había venido a mi casa a ver a mi hermano mayor Jonás. Recuerdo que entró por la puerta segundos después de haber ingerido aquella especie de insecticida mata zombis que me dio por beber. Fue beber aquello y echar una carcajada. No imaginas el ridículo jersey de Mickey Mouse toooodo rosado que llevaba la chica, el puto ratón Mickey portaba una margarita en su mano derecho, es lo mas cursi que he visto nunca, creí que no sobrevivía a semejante visión. Bueno, el caso es que la rocié de aquella papilla inmunda de arriba abajo. La empapé de trocitos de tortilla y tooooda aquella mierda, la hizo parecer un espécimen de la pandilla basura. Aun puedo recordar la cara que puso, pero sobre todo la cara que puso Jonás cuando apareció raudo él dispuesto a darle un beso. Como te puedes imaginar la chica no cató en aquel momento el beso de Jonás. Jonás y su cara de asco. Creo que nunca volvió a ver a Pamela de la misma forma. Supongo que es difícil tener un sueño erótico cuando una imagen tan asquerosa como esa se impone.

-Pobre chica.

-Que va era una gilipollas, estaba muy buena, pero eso no superaba su gilipollez. Jonás salió un tiempo con ella, eso fue hasta el día del vomito, creo que aquello marcó un punto y aparte en su relación, empezó a mirarla… como te diría… de otra forma.

-Venga Tom, seguro que apenas conocías a la chica, ¿cómo puedes criticarla así?

-No la critico, afirmo su gilipollez. Recuerdo que no hacía más que mirarse el culo, cuando Jonás se daba la vuelta, la chica se ponía a mirarse el culo en todos los espejos. Supongo que se buscaba imperfecciones. Tenía una extraña obsesión con su culo, como si su vida dependiera de tener un culo perfecto o tuviera que participar en una competición contra Jennifer López y el premio al culo más potente. Vale chica, tienes un culo más o menos bonito, flaco, tirando a escaso, pero bonito al fin y al cabo, por el hecho de que te lo mires no te va a crecer, no sé, ¿qué coño quieres, un culo “asiliconado”? Hay que ver qué obsesión.

-Tú sí que estas como una cabra. ¿Qué fue de Pamela?

-Bueno, por lo pronto no la volví a ver con aquel espantoso jersey de Mickey Mouse, desde que lo decoré con vomito de pimienta a la francesa. Mi hermano y ella se cansaron de estar juntos, creo que se cansó de que le preocupara más su culo que él. En cuanto a ella,  conoció a un tipo de chupa de cuero y ruedas anchas, mi hermano me contó que el tipo era un capullo que la pegaba y la trataba como una mierda. Curiosamente ella no le dejaba a pesar de los malos tratos, así que el bastardo aquel con el que se salía, hacía y disponía de ella a su antojo. Primero le daba una paliza de muerte y luego se la follaba el sádico cabrón. Creo que por mal que me pudiera caer aquella chica, desde luego no se merecía un tipo como aquel. Entre paliza y sexo la dejó preñada y ahí es cuando entró una vez más mi hermano en la historia.

-Continúa.

-Vale, Jonás en escena. Pamela llamó a Jonás. Fue una llamada un tanto extraña según me contaría mi hermano tiempo después. Pamela había dejado de llamarlo hacía mucho tiempo atrás, supuestamente quedaron como amigos, ya sabes, como amigos para no verse más. Lo típico. Pero Pamela Jones lo llamó. Era medianoche, mi hermano se encontraba atrapado por el señor de los sueños, quién le había traído un sueño reparador. Qué coño, se tenía que levantar a las seis de la mañana para ir a trabajar, así que el tío estaba más frito que una hamburguesa de ternera. El móvil comenzó a sonarle, una y otra vez, sin parar. No le despertó el ruido del móvil, pero sí la luz, parecía como si tuviera un semáforo continuamente en ámbar en su habitación y supongo que le jodió que no pasara al rojo de una puñetera vez. Así que abrió un ojo, vio la luz ámbar sin parar, aquello era como Encuentros en la tercera fase pero sin ovnis. Agarró el móvil y supongo que por un débil instante estuvo a punto de arrojarlo por la ventana. Aaaaa tomar por culo. Pero no. No lo hizo. Cogió la llamada, se lo acercó como pudo a su oreja derecha, la cual parecía empeñada en no despegarse de la almohada y dijo algo así como…..’¡Quién coño es!’

>>Es lo que tenía mi hermano. Un mal despertar diría yo. Y oyó una respiración entrecortada que arraigaba en el teléfono como si hubiera sido el propio teléfono el que hubiera cobrado vida para putearle el sueño o un fantasma cabrón que no tenía otra cosa que hacer que ir repasándose el listín telefónico para practicar la respiración asistida. Jonás iba a colgar cuando oyó la voz de Pamela como surgida de la nada. Mas que su voz era como un susurro, como un desgarro hecho sonido, así es como la escuchó Jonás.

-Tom

-¿Qué pasa Helen?

-Respira chico.

-¿Sigo?

-No me lo perdería por nada, pero no te me quedes sin aire antes de contarme el final de la historia.

-Eres todo corazón chica. Vale, pues sigo. A ver…. la desgarrada voz de Pamela.

-Sí, ¿qué ocurrió después?, ¿qué le dijo a Jonás?

-Pues verás….lo primero que hizo fue preguntarle si realmente era él. De alguno forma se sentía vigilada, la chica tenía la sensación de que su novio, el bastardo maltratador, la espiaba y la vigilaba hiciera lo que hiciera, esperando cualquier momento, cualquier instante para, furibundo, golpearla hasta hacerla escupir sangre. La voz de Pamela sonaba hueca, Jonás no la reconoció en un primer instante, aquella voz distorsionada, aterrorizada y pausada no parecía para nada la de Pamela. Pero al fin la reconoció. Y Pamela comenzó a hablarle. Le contó lo de los maltratos, lo de las palizas y humillaciones, y también lo de las violaciones. Le pidió ayuda. Jonás estaba alucinando, no podía creer todo aquello. Había pasado de estar soñando a estar escuchando una pesadilla de boca de aquella chica. Jonás le dijo que llamara a la policía, que pidiera ayuda a su familia. Pero la chica se resistía a la idea. No hacía más que repetir una y otra vez. ‘Va a matarme, va a matarme, no sé si hoy o mañana pero lo va a hacer’ Lo decía con la firme serenidad de los que saben que de un momento a otro la muerte llamará a su puerta y por mas candados que ponga, los hará pedazos hasta colocar el filo de la guadaña en su garganta.

Jonás es un tipo curioso, no es porque sea mi hermano, pero a veces la gente te sorprende, piensas que alguien es un capullo y de repente es capaz de sacrificarse por otra persona de un modo que jamás creerías que sería capaz.

-No me digas que… estaría loco si…

-Como la puta cabra de Dalí. Sí, lo estuvo. Hacía año y medio que no sabía nada en absoluto de ella y Jonás le preguntó dónde estaba, iría a recogerla y se la llevaría de allí. ‘Estate preparada, dame un par de horas y estoy allí’. Una jodida locura.

-Pero… ¿no llamó él mismo a la policía?

-Oh lo hizo, ya lo creo que lo hizo. Se puso los pantalones, unas zapatillas deportivas, jersey y abrigo. Llamó a la policía y les explicó la situación, le tomaron nota, le dijeron que no se moviera que ellos se encargaban. Por supuesto mi hermano no les hizo caso. Jonás y su testarudez. Es muy típico de él, mejor no decirle que ‘no haga algo’. Agarró las llaves del Ford y salió zumbado de allí. Así que debían ser cerca de las dos de la mañana cuando llegó a Plaza Lauper, aparcó en doble fila y llegó hasta el patio del edificio donde tenía el piso Pamela y el bastardo infernal. Llamó al timbre y esperó a que Pamela bajara. Pero no bajó.

Esperó durante una media hora en el portal, pero no bajó. Qué diablos esperaba. Jonás la llamó al móvil, y una voz hosca y gruesa le contestó al teléfono. Era el novio. Jonás le preguntó por Pamela y el tipo sin prisa pero sin pausa le dijo que se largara de allí cagando leches o bajaría y le reventaría a ostias. Jonás se acojonó y le colgó. Se quedó durante minutos que se hicieron eternos esperando, esperando. ¿Y la policía?, ¿pero dónde coño estaban? Mierda, mierda, mierda, se repitió a sí mismo una y mil veces. Así que hizo lo único que nadie en su sano juicio hubiera hecho, es decir, en vez de salir de allí y dejar que se encargara de aquella mierda la poli, cuando aparecieran si es que aparecían, llamó a otra timbre del mismo edificio y fingió ser un vecino que había olvidado las llaves. Y le abrieron. Para que te fíes de la seguridad del vecindario. Jonás entró en el edificio, ni siquiera esperó al ascensor y subió los tres pisos a zancadas. Se plantó delante de la puerta y llamó al timbre. Al principio nadie le hizo caso. Pero Jonás insistió, golpeó la puerta y llamó el timbre hasta que la puerta se abrió y justo detrás de ella, como si fuera el emblema de saludo vecinal, un puñetazo del calibre 45. ¡Boom! Mi hermano salió despedido hacia atrás y chocó con la pared de espaldas. La sangre comenzó a salirle de la nariz a borbotones. Pero eso no fue lo peor, lo peor fue cuando salió el tipo aquel como un torbellino, todo músculo y venas, le agarró del cuello y lo alzó por encima de su barbilla. Le escupió a la cara y le arreó otro buen puñetazo en el estómago. Jonás quedó tirado en el suelo, pintando el suelo de sangre y con un tremendo dolor abdominal. El bastardo de chupa de cuero, que al parecer no se quitaba nunca, tenía un curioso parecido a un conocido presentador televisivo, era un tipo guapo y moreno, con patillas altas y un bonito y decorativo tupé. Parecía una imitación de John Travolta en Fiebre del Sábado Noche. Cogió a Jonás de la pernera del pantalón y lo arrastró hasta dentro del piso.

>>Dentro, Pamela, estaba tendida en el suelo, tenía la cara ensangrentada y cubierta de moratones, sus ojos estaban tan hinchados que parecía que iban a despegar de sus orbitas. Próximo destino; Júpiter. Pobre Pamela. Pamela comenzó a gritar cuando vio como el bastardo infernal arrastraba a mi hermano dentro del piso. Supongo que en aquel momento se arrepintió de haberle llamado, no sé muy bien lo que pasaría por su magullada cabeza.

>>El Bastardo soltó a mi hermano al oír gritar a Pamela y le arreó una patada en el estómago. ‘Cállate Puta’. Un tipo muy sensible al parecer. Cuando se volvió hacia mi hermano, Jonás se había levantado. El Bastardo Infernal, se abalanzó sobre él, le estrelló nuevamente contra el suelo y le golpeó un par de veces la cara con júbilo, se reía mientras le destrozaba el rostro de forma implacable. En esos momentos se vio totalmente perdido, sin capacidad de reacción. Pero como dije antes, las personas a veces te sorprenden. Pamela arrastrándose, se colocó justo detrás del tipo e hizo algo del todo inesperado. Le agarró de los testículos con toda la fuerza que le quedaba. Se los estrujó de tal forma que el grito del tipo se oyó hasta en Indianápolis. Jonás reaccionó y le propinó una buena patada allá donde más duele, el tipo se retorció de dolor, y se quedó en cuclillas en el suelo. La puerta del piso tembló, gritos y voces. Más gritos y el pestillo de la puerta se despedazó por el impacto de una fuerte patada.

-Apareció la policía.

-Si.

-Es increíble, ¿encerraron a aquel cabrón?

-Sí, no hemos vuelto a saber de él.

-No puedo creer que todo esto empezara contigo vomitando a la chica.

-A veces la vida te pilla por sorpresa, ¿verdad?

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