La mirada en el espejo

Publicado: 24 febrero, 2018 en Miscelanea, Relatos
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Se miró al espejo brevemente, observó todas y cada una de las arrugas que la invadían.

-Mierda -se dijo a sí misma.

Mojó toda su larga cabellera rubia. Estaba orgullosa de ella y la cuidaba como si de un recién nacido se tratara. A pesar de su horriblemente marcada cara, su fijación por su pelo, compensaba a veces la profunda depresión que la invadía al sentirse fea, al sentirse deforme, al sentirse el ser mas horripilante de la tierra. Mientras recorría con sus ojos cada marca, cada arruga, cada cicatriz que se juntaba en su rostro y creaba ese caos en el que se había convertido su cara con el rastro del tiempo. Pensó. Pensó en Jimmy. Jimmy que siempre le decía que era la mujer más bella que había conocido nunca.

Estúpido cegato, le contestaba siempre ella.

Bella.

Capullo miope, le contrariaba.

Le disgustaba que le mintiera, ella sabía de su fealdad, la aceptaba y odiaba que la engañara con tontos cuentos para niñas.

Era jodidamente horrible y lo aceptaba. A la mierda con todo.

Pero Jimmy siempre la agasajaba con rosas y flores de todo tipo, la invadía a cumplidos.

Ingenuo inconsciente, pero qué coño pretendía con todo eso, ¿qué olvidara su fealdad?

¿No hubiera sido mejor llegar hasta ella con sinceridad en vez de con mentiras?

Eres fea nena, eres espantosa, pero tienes algo que me atrae de forma inexplicable.

No, en realidad tampoco creía que fuera un buen camino.

Ni siquiera estaba segura de odiar que la agasajara con todas aquellas bobadas.

¿De dónde salió Jimmy?

Bueno, Jimmy salió de un recóndito lugar. El tipo estaba sentado en el metro frente a ella, leía el típico best-seller de intriga histórica que por aquel entonces estaba de moda. En un momento de extraño surrealismo, acabó el libro, lo cerró, miró la fea cara de ella, y tan solo dijo; Eres la chica mas guapa que he visto en mis últimas vidas.

Ella pensó que era el típico gilipollas que quería fastidiarla, reírse de ella, burlarse, así que le mandó a la cuerno en línea recta y sin paradas.

Al día siguiente en la misma parada de metro, volvió a verlo. Notó que llevaba un libro diferente, algo así como “Psicología Inversa” o alguna estupidez por el estilo.

Cerró el libro y volvió de nuevo al ataque.

-Hola, me llamo Jim, Jimmy para los amigos.

Ella le ignoró. Será gilipollas, pensó. Pero qué tío más pesado. No voy a darte cancha para que te burles estúpido ignorante.

-¿Te he dicho que eres preciosa?

Y tú un capullo, pensó ella, y… ¿a quién le importa?

-Lo siento, no es algo que haga todos los días. Pensarás que soy un idiota. Pero…. no puedo evitar mirarte a los ojos y pensar que sería estupendo poder perderse en ellos, eres tan bella, tus facciones son tan perfectas y yo…. joder, mierda, perdona. No soy una especie de psicópata ni nada parecido pero… ¿crees en el destino?

Me caguen la leche…. ahora viene con el destino…. a ver dónde coño está el amiguito que lo está filmando todo. Dónde. No pienso darte tregua chaval. No os reiréis de mi. Vete a la mierda gilipollas.

Pero alzó los ojos. Con desconfianza sí, pero los alzó. Vio a Jim, un tipo menudo y delgado, de facciones agradables y una amplia sonrisa. Vestía con unos vaqueros y una camiseta en la que rezaba ‘Dust in the Wind’ en letras emborrachadas de viento y entornadas, como si acabaran de salir de un manicomio. Casi se podían oír las carcajadas que surgían de la camiseta de Jim.

Día tras día, coincidía con aquel tipo, día tras día, la agasajaba con palabras, con inesperadas flores, en medio de una multitud la avergonzaba con poemas mientras ella seguía ignorándole, y le rechazaba con amargas palabras y gestos (léase cierto clásico rechazo con el dedo corazón).

Un día Jim dejó de ir al metro, dejó de coincidir con ella.

Se sintió extraña aquel día.

Odiaba a aquel gilipollas con toda su alma.

Le hubiera deseado la muerte mas horrenda imaginable, de hecho una vez imaginó como Jimmy era absorbido por una gigantesca minipimer, carnes, huesos y músculos, todo triturado y convertido en un sabroso zumo de sangre y vísceras. Le pareció divertido pensar en aquello e incluso había soltado una medio-carcajada.

Estúpido paleto de mierda. Odio tus jodidas burlas. Y si… por un segundo creyera que realmente quieres algo parecido a amor de mí…. que tontería porqué nadie iba a querer a este rostro. A este monstruo. No es posible.

No quiero tu jodido amor. No quiero tu jodida compasión. No quiero a nadie. Quiero estar sola. ¡SOLA!. Yo…. quiero……. mierda.

Pasaron los días, pasaron las semanas, pasaron los meses y Jimmy no volvió.

¿Dónde coño se había metido ese estúpido?, había pensado.

Yo….. joder……. ¿donde estará ese capullo?

Sus ojos lo buscaban cada mañana, cada asiento, cada rostro, buscando la amplia sonrisa entre los mares de indiferencia. Pero Jimmy no aparecía.

Sintió. Sintió como si hubiera perdido una parte importante de su vida.

Quizá el último resquicio de esperanza de su triste existencia.

Ahora…. ¿qué le quedaba? ¿Su amargura? ¿Su desesperación? Pensar en qué tal vez aquel extraño tipo hubiera podido representar una diferencia entre la vida y la muerte. Esperanza.

La amplia sonrisa. Pensó en ella. La dibujo con su mente, trazó en las finas líneas de la imaginación una increíble y perfecta sonrisa, completamente ilógica, paradójica, optimista hasta la irrealidad, pero hermosa en su grandeza.

En solo un segundo pensó…. que si alguien era capaz de ver en ella belleza donde no se hallaba más que fealdad…. pensó que igual…. todo el mundo, el resto del universo, todos incluso ella… todos se equivocaban, todos excepto él.

Todos excepto él.

Hasta que un día lluvioso de invierno, uno de esos días en que mandarías a la mierda este jodido y pútrido mundo, y después de la oportuna cola para validar el ticket para el metro, aquel día,cuando subía las escaleras hasta el anden como una oveja mas del rebaño, aquel ilógico día, en que… después de todo ya no se sentía ni tan fea ni tan horrenda, aquel día volvió a ver a aquel estúpido capullo de amplia y cómica….. no….. no era cómica. Pensó, de amplia y maravillosa sonrisa. El tipo andaba todo mojado, tenía barba de al menos una semana, y tenía los zapatos pringados de barro. Era Jimmy, tenía una pinta horrorosa, probablemente se le habría volado el paraguas y estaba chopado hasta la médula. Pero aquel tipo conservaba su sonrisa, como su fuera su único bien preciado.

La miró y le obsequió con una rosa torturada por el viento y la lluvia, una rosa a un paso de la tumba de hecho.

Y sonrió. No recordaba muy bien como se hacía. Pero aquel gilipollas había conseguido que surgiera algo con enorme parecido a una sonrisa.

Aquello fue entonces.

Y ahora mientras se miraba al espejo y recordaba aquel extraño giro que había tomado su vida, se giró, volvió a la habitación y vio a Jimmy en su cama durmiendo. Sonrió, había practicado mucho desde aquel día lluvioso hasta ahora. Sonrió al pensar en aquel cabrón que le había devuelto la alegría de vivir.

Se sentó junto a su lado en la cama.

Se acercó a sus labios.

Y le dio el beso mas dulce que fue capaz de concebir.

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