Rodeado de cervezas

Publicado: 22 febrero, 2018 en Miscelanea, Relatos
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Al entrar al apartamento olió a ginebra, whisky y pollo frito. Jacinto le pidió que no entrara al lavabo, dentro estaba Enric en la bañera, follando con dos quinceañeras.

-No puedo creerlo.

-Les ha prometido revelarles el secreto de la vida, eso, dos porros para cada una, y un par de miradas a su polla ha bastado para camelárselas.

-Hijo de perra vicioso.

Jacinto soltó una corta risa mezclada con hipo. Era su absurda forma de reirse. Te daban ganas de pegarle un susto.

Fue hasta la cocina siguiendo el olor a pollo frito y vio a Elena con tal solo un delantal por vestido, con el bordado de una margarita recién cortada diciendo “Hola, yo soy la cocinitas”. A parte del delantal Elena estaba completamente desnuda, y el estar tan cerca del fuego hacía que gotas de sudor resbalaran por su cuerpo. Se quedó mirando sus mojados pechos. Ella se giró.

-¿Ves algo que te guste?

-Hola Elena, tengo hambre.

Elena lo pudo ver en sus pantalones.

-¡Largo energúmeno! -le gritó Elena entre risas.

Entró en su habitación y se tiró sobre la cama. Respiró, estiró todos sus miembros, tal vez pensando que crecería un par de centímetros mas si lo hacía todos los días.

Pensó, lo pensó. Una, dos, tres veces. Es el número mágico, todos lo saben. Cogió el móvil y llamó a su madre. Dejó sonarlo una vez, y hasta dos y a la tercera (cómo no) fue la vencida.

<<¿Si?>>

-Hola Mamá, soy yo. ¿Qué tal va todo por casa? ¿Estáis todos bien?

<<¡Cariño!, ¡sí, sí, estamos bien!, y tú, ¿estas bien? ¿Ya has cenado?>>

-No, aún no, pero mi compañera de piso, Elena, está haciendo pollo.

<<Espero que te estés alimentando bien, la última vez que viniste por casa te vi mas delgado. Cariño… ¿has visto a tu hermano? Hace semanas que no se pasa por casa. Tu padre tiene la mirada sombría y apenas habla, él no quiere reconocerlo, pero está tan preocupado como yo. Bueno… ya sabes como és….>>

-También sé como es Michael, a veces desaparece y al tiempo lo encuentras debajo de una piedra, con un manojo de espinacas entre los dientes y con la cara repleta de inocencia. Se preguntará porqué estábamos tan preocupados y el muy cabrón estará tan tranquilo, como si no hubiera pasado nada.

<<¡Benjamin Torino, no hables mal, así no es como te hemos criado!>>

-Esta bien, Mamá, lo siento. Pero es que me saca de mis casillas.

<<Cariño si le ves, por favor, dile que venga a casa, estamos preocupados. ¿lo harás?>>

-Claro Mamá, no te preocupes. Oye tengo que colgar, voy a ver si convenzo a Elena para que comparta ese pollo conmigo. Un beso. Cuidaos.

CLICK

“Era una noche oscura y no veía mas que ratas a mi alrededor. Me pregunté dónde estaría el cabrón de mi hermano mayor. ¿Tirado en un callejón consumiendo coca? ¿Esnifando pegamento en el cagadero de algún bar de mala muerte? O tal vez tan solo estuviera en el parque. Mirando a las estrellas y lanzándoles preguntas como si de pelotas se trataran y esperando que alguien las recogiera y se las devolviera con una respuesta escrita.”

Elena salió de la cocina y miró a Benjamín. Ben se preguntó si era deseo lo que veía en los ojos de la chica o tan solo es que él mismo estaba tan caliente que no veía otra cosa en su mirada. Mierda, se dijo. Notó el calor de su pene extenderse por el resto de su cuerpo, la visión de él y Elena follando encima de la mesa de la cocina no fue lo suficientemente fuerte, la sensación de estar arrastrando la polla por el suelo como un perro doméstico buscando comida, olfateando, buscando el sexo de Elena, tampoco fue tan fuerte como para evitar la imagen de Michael una y otra vez.

Serás cabrón Michael, pedazo de cabrón.

Cogió las llaves y salió del piso.

En la calle, el Señor Giraud intentaba aparcar entre dos coches. No tenía sitio, pero se lo hizo a fuerza de golpes. Cuando salió saludó a Benjamín y este le preguntó por su mujer.

-Oh está bien Ben, los achaques de la edad, el corazón de vez en cuando nos pega sustos, lo tiene viejo y podrido y de vez en cuando hay que pegarle una buena descarga de kilowatios para que vuelva a latir, a parte de eso, la vieja Margaret sigue bebiendo vino para cenar y unos cuantos huevos para desayunar. Seguro que me acaba sobreviviendo Ben, acabará pisando mi lápida, te lo digo yo Benjamin.

Dos calles mas y dejaría la manzana atrás. Bordearía las obras del metro, quizás pillara borracho al guarda y le pegara un buen susto. Era un tipo simpático llamado Melvin, que presumía de no tener ni una sola cana en su espeso y negro cabello a pesar de sus ya cincuenta y largos. También presumía de estar como un toro, y prueba de ello es que se follaba a todo cuanto se cruzaba en su camino. Estaba casado por supuesto, pero Melvin pensaba que en realidad, le hacía un favor a su mujer, que no entendía ‘sus necesidades’.  Melvin tenía una guitarra y una vez le ofreció la maravillosa oportunidad de oírle tocar.

Benjamín jamás olvidaría aquella sensación. Fue como si le atravesaran los oídos con agujas oxidadas.  Melvin tocaba tan bien que uno prefería estar meciéndose en el regazo de la Muerte antes que escucharle proferir ‘ruido’, pues no tenía otra palabra su forma de cantar.

Diez minutos después, un par de cigarros lo llevaron hasta debajo del puente que cruzaba el parque del Antiguo Cauce. Benjamin bajó hasta el parque, admitámoslo, acojonado a mas no poder. Estaba oscuro y aquel parque por la noche era un hervidero de drogatas y putas. Uno se le acercó pidiéndole fuego, el tipo tartamudeaba y comenzó a gritarle. ¡Pijo de mierda!, le dijo. Ben siguió su camino sin desviar la mirada y fue hasta la fuente de los mil colores, aquella que ofrecía un espectáculo de música y color todas las noches a partir de las…. pero qué mas da joder….. lo único que le importaba era encontrar a Michael y tenía la ligera sospecha que estaría un poco mas allá de la fuente, debajo del quinto árbol a la derecha y tirado como una manta llena de pulgas.

Michael tenía los brazos señalando al cielo. Le rodeaban botellas de medio litro de cerveza, todas vacías, y una colilla en el interior de todas y cada una de ellas.

Michael desvió sus ojos verdes hasta la figura de su hermano.

-Benjamin, ¿te has perdido chico? ¿Has venido a contemplar la extinción de la vida humano junto a tu viejo hermano Mik?

Bejamin se arrodilló, apartó un par de las botellas que cercaban a su hermano y  se sentó  con las piernas cruzadas sin decir una sola palabra.

Michael tarareó una vieja canción de los Beach Boys, luego se hizo la señal de la cruz en la frente.

-Condéname Señor, pues soy un pecador.-dijo Michael.

>Mi nariz es la bocina de un camión que reparte polvo y sangre por carreteras asfaltadas con petróleo. Mis dientes son las teclas de un piano desafinado. Nunca he aprendido a tocarlo, pero Señor, siempre he querido… perderme en la cáscara de un pistacho. Todo esto es.. solo …. una puta mierda.

Se pasó la mano por su escaso pelo rubio. Luego la miró esperando encontrar más cadáveres entre sus dedos. Pequeños cuerpecitos amarillos agonizantes. Casi los pudo ver gritar y llorar, resbalando entre sus dedos. Sacudió su mano esperando que desapareciera tan desagradable alucinación. Su cerebro estaba subido en una escalera con la que podías llegar hasta el jodido quinto y sin ascensor. Estaba en el último peldaño, hacía equilibrios, como un payaso con sobredosis de chocolate.

Benjamin abrió los labios. Dijo algo que Michael tubo que esforzarse para entender. Eran palabritas separadas y mezcladas en vagones sin número que se perdían por las oscuras casillas de su mente. Espera, y si las cojo y…. las mezclo, las bato, las hiervo, las sacudo, tal vez así logre entender si significado…..el sentido de todo está en una copa de aceite hirviendo… ¿te atreves a tomarlo?.. Arriesssgarrrrrme a quemarrrrrme.

-Madre está preocupada por ti, Michael. También Padre.

-¿El viejo? ¿Preocupado? No sabía que conociera esa palabra. El viejo solo se preocupa por el viejo. Y Madre…. bueno….. ella estará bien.. si le ha aguantado sesenta años seguro que podrá seguir aguantando al viejo lagarto de mirada aviesa y dientes rotos como ladrillos torturados.

-Vámonos a casa Michael. Aquí…. tirado en el suelo, rodeado de basura…. este no es tu lugar.

-No es el lugar de nadie. Pero ‘Nadie’ lo habita día sí y día también. Así que si ‘Nadie’ puede, mi culo también.

Se llevó la mano a la cabeza. Sintió un agudo dolor proveniente de un recuerdo inyectado en sangre.

-Me siento cansado Benji. Cansado y viejo. Los caminos que he recorrido, tortuosos, traicioneros, metí segunda, metí tercera, pisé a fondo y lo único que he conseguido ha sido tomar mal las curvas y joderme bien la cabeza.

Benjamin se levantó y le ofreció la mano. Michael la miró. Observó esa mano blanquecina, miró las rayas que la cruzaban, e intentó averiguar su significado.

-Vamonos a casa Michael. Venga, te acompaño hermano.

Cogió la mano de su hermano. La notó áspera y fuerte al mismo tiempo. Jodido niñato, pensó.

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